Renata Tarragona
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Las playas paradisíacas y aguas cristalinas de la Riviera Maya, conocidas por el turismo a nivel mundial, están en riesgo por la contaminación que implicará la construcción y operación del Tren Maya, alertaron expertos.
La semana pasada, grupos de la sociedad civil y ambientalistas acusaron que el nuevo trazo del Tramo 5 del Tren, llevado selva adentro sin estudios ambientales, ni geofísicos, cruzará sobre el río subterráneo más grande del mundo.
Se trata del sistema Dos Ojos Sac Aktun, de más de 376 kilómetros de galerías inundadas, entre otros grandes sistemas subterráneos, y que para instalar las columnas que lo sostengan se romperán los techos de piedra caliza de las cuevas, lo que dañará al ecosistema interno de cada una.
«(Con la construcción del megaproyecto) se truenan los techos (de las cuevas), se afecta a los ecosistemas subterráneos, se contamina el agua, tenemos ahora la entrada de bacterias, algas, que no entraban antes y toda esta agua que era limpia va a llegar chocolatosa, sucia, al Mar Caribe afectando la barrera de arrecife de coral», advirtió Roberto Rojas, presidente del Círculo Espeleológico del Mayab.
Explicó que el Mar Caribe no comienza en las playas ni en el hotel, inicia desde sus cuencas de captación y los ríos subterráneos, de tal manera que todo lo que ahí se arroje en un par de días llega al mar donde van a nadar los turistas.
Antes de la pandemia, en 2019, la Riviera Maya registró una ocupación de 77.1 por ciento y Cancún de 72.7 por ciento, al aeropuerto de éste último arribaron 12.7 millones de pasajeros vía aérea, de los cuales 4.5 millones fueron nacionales y 8.1 millones fueron internacionales, de acuerdo a datos de la Secretaría de Turismo (Sectur).
«Se está vulnerando no sólo la salud ambiental local y los ecosistemas, también se está vulnerando la salud humana y la economía local.
«El mar enfrente de Playa del Carmen en ciertas ocasiones huele a drenaje, quién va a querer nadar ahí, ¡nadie! se va el turismo, nos vamos de aquí, se queda sólo, se acaba la economía y se acabó el paraíso», puntualizó.
Además, con la vibración y paso de máquinas, ruptura de los techos de las cuevas y el posterior paso del transporte ferroviario, y el peso que significa, existe el riesgo de colapsos del suelo, como ha sucedido en diversos tramos de la carretera 307, lo cual advirtieron especialistas locales a la Sedena y a Fonatur sin ser escuchados.
«El mismo proyecto está vulnerado por sí mismo, porque van a tener que luchar contra cientos y cientos de cuevas y ríos subterráneos que se irán encontrando en el camino, haciéndolo más caro y más difícil», sentenció Rojas.

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