Al celebrar la eucaristía en la Catedral Basílica, el Obispo Juan Espinoza Jiménez hizo un llamado a la sociedad a comprometerse con la construcción de la paz y con las causas sociales, y cada ser humano está convocado a no sucumbir ni ser siervo de la discordia, la injusticia, los fratricidios, las divisiones, la corrupción, la violencia y la muerte.
Luego, explicó las palabras de Jesús acerca de que trae la paz a la tierra y dice que no es así, sino la división, y ahora en delante de cada cinco en una familia, estarán divididos tres contra dos, pero esto tiene un mensaje profundo, aclaró el Prelado, porque el objetivo es abatir el muro de la enemistad e inaugurar el reino del amor, la alegría y la paz.
Agregó que la paz que Jesús vino a traer no es sinónimo de simple ausencia de conflictos, por el contrario la paz es fruto de una constante lucha contra el mal, el juicio, la crítica, el miedo; el enfrentamiento que Cristo hace no es hacia los hombres sino contra el enemigo del hombre como la injusticia, la corrupción, la violencia y la muerte.
“Quien quiera resistir contra ese mal y serle fiel a Dios y al bien tiene que afrontar necesariamente incomprensiones y en ocasiones verdaderas persecuciones”, enfatizó.
Aquellos que se comprometen a favor de la paz y la justicia deben saber que encontrará oposiciones y se convertirá, aunque no quiera, en signo de división de las personas e incluso dentro de su propia familia.
Para construir la paz es necesario escuchar las necesidades de aquellos que se han perdido, rescatar a los que han sido descartados, porque solo así se edificará la verdadera justicia y paz. Asimismo, tener cuidado en no caer en el pecado social que destruye la armonía de los pueblos.
Cuando los seres humanos dejan quemarse con el fuego del amor de Dios, del perdón, de la justicia, con mayor facilidad se enfrentarán las adversidades. Esto se vive con frecuencia en el seno del hogar, especialmente cuando se pone orden se generan discusiones porque la gente está acostumbrada a sus propios vicios, y si alguien nos corrige, sencillamente no nos gusta, puntualizó.