Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Si está enfermo el Presidente de la República, le deseo pronto alivio.

“Canta Oh Diosa, del peleida Aquileo la cólera divina que arrasó con infinitos males a los acaienos de hermosas grebas y sumergió en la mansión del Hades a tantas almas de héroes…” Más o menos así, cito de memoria por no recurrir a Google y porque mi Ilíada, que, por cierto, compré hace sesenta años, no la tengo a la mano, guardada con los otros cinco libros que me llevaría a una isla desierta: la Biblia, el Quijote, la Divina Comedia, las obras completas de Borges y las Mil y Una Noches. El tema de la Ilíada es el enojo de Aquiles, hijo de Peleas, porque el rey Agamenón, que desde lejos manda, lo despojó de la esclava Briseida. Un tema menor que da lugar a una de las grandes epopeyas de la humanidad. La anécdota del Caballo de Troya, que curiosamente no está en la Ilíada. Los griegos que han sitiado por años a Troya y que, no obstante la muerte del priamída Héctor, domador de caballos, a manos de Aquiles, el de los pies veloces, que regresó al combate para vengar a su amigo Patroclo, planean una mañosa estratagema. Simulan terminar el sitio y dejan abandonado un gran caballo de madera, que, los troyanos admiradores de los caballos introducen a la ciudad amurallada. Ocultos en el interior del caballo un grupo de guerreros griegos aprovechan la noche para salir y abrir las murallas dando paso a su ejército que había regresado y que aniquiló a los troyanos.

Roberto Rossellini, uno de los grandes cineastas del neorrealismo italiano, creador de grandes obras, entre otras, creador de Isabella Rossellini, narra en su película “Il generale Della Rovere”, proyectada en español con el título de “El general invencible” (inexplicable como tantos títulos en español que no respetan al creador), la historia de un vagabundo que, durante la resistencia italiana en la ocupación nazi, es confundido por una patrulla alemana con el general Della Rovere, uno de los líderes de la resistencia armada. La historia proviene de la novela de Indra Montanelli, que habiendo sido hecho prisionero también por los alemanes conoció en el presidio a Giovanni Bertone, protagonista de este relato (interpretado en la película por Vittorio de Sica). Bertone alega su identidad, reniega del General, pero, en la prisión empieza a recibir trato y consideraciones especiales de los demás presos que lo confunden también con el General y empieza un curioso proceso de metamorfosis. Encabeza protestas, es castigado pero se mantiene firme con el apoyo de los demás reclusos, soporta vejaciones pero consigue un trato más digno para todos. Se da cuenta de que al asumir la personalidad de Della Rovere, permitirá al auténtico seguir luchando libre pero que a él podrá costarle la vida, pero lo que decide arrostrar en bien de la lucha libertadora. Bertone finalmente es juzgado y fusilado en Fossoli. El embuste favoreció a la resistencia y llevó a la muerte al vagabundo que encontró un sentido para su vida.

La historia registra muchos engaños, en Rusia aconteció uno de los más grandes. Gregorio Potemkin, el del acorazado, es decir el general ruso con cuyo nombre bautizaron al acorazado que en su ataque a Odessa dio lugar a uno de los episodios más violentos de la Revolución Rusa, inmortalizado por la extraordinaria película de Einsenstein, urdió y llevó a cabo un plan para impresionar a la Zarina Catalina II “La Grande”, su amante y protectora. Invadió Crimea y fue nombrado gobernador por la Zarina. Potemkin prometió transformar sus parajes inmensos y yermos. Pasados algún tiempo la Zarina decidió visitar Crimea y constatar por sí misma la gran “transformación” que Potemkin había logrado. La realidad era que Crimea no sólo no había mejorado sino que había retrocedido bajo el gobierno déspota y autocrático del general. Potemkin ideó un estrafalario plan para enmascarar la realidad. Ordenó la construcción de pueblos enteros de cartón piedra y los llenó de campesinos contentos y sanos que, como extras de una película eran llevados de pueblo en pueblo, ocultó las miserias y encerró a los miserables. Catalina “La Grande” y su séquito desde su carroza imperial admiraban la transformación, pero todo era ilusión: casas que únicamente tenían pintada la fachada, arbustos y árboles artificiales, felicidad actuada. A la orilla del río Dniper se erigían siete palacios flotantes y casi noventa barcos para pasar la revista de Catalina II. A través de las ventanas, la Zarina, podía admirar villas esplendorosas, campos plagados de ganado pastando en verdes parajes, aldeanos alegres. Si sus ojos no hubieran visto tal despliegue de excelencia, no lo habría creído, pero todas aquellas maravillas se desvanecían luego del paso del cortejo, aunque la Zarina falleció sin saberlo.

En japonés la palabra Kagemusha es un término utilizado para denotar a un señuelo político. En el periodo Sengoku de la historia de Japón durante la época medieval, se registra el episodio de un criminal entrenado para fungir, primero como doble y más tarde suplantar al señor feudal Takeda Shingen con el objetivo de engañar a los enemigos y evitar que ataquen al feudo sin cabeza.

Durante el asedio del ejército de Shingen al castillo de Tokugawa Leyasu, mortalmente herido  Shingen ordena a sus generales mantener su muerte en secreto por tres años. Su hermano Nobukado presenta al doble ante los generales y lo propone para que suplante a Shingen mientras se reestructura el gobierno. Aceptado, el doble demuestra tener gran capacidad histriónica. El kagemusha engaña a las concubinas de Shingen y a medida que aprende más sobre el fallecido, comienza a adquirir su personalidad, al extremo de presidir un consejo militar y convencer a los generales con el lema del Clan Takeda: Rápido como el viento, fiero como el fuego, sereno como el bosque y firme como una montaña.

Cuando los enemigos Tokugawa y Oda Nobunaga lanzan un ataque en territorio de los Takeda, el kagemusha es forzado a comandar los ejércitos para la Batalla de Takatenjin y su presencia inspira a sus soldados para la victoria. En un exceso de confianza el kagemusha monta el caballo favorito de Shingen. El caballo lo desconoce y lo derriba, cuando corren a ayudarlo, los soldados se dan cuenta de que no tiene las cicatrices de guerra de Shingen, descubriendo la usurpación. El ladrón es arrojado del palacio.

La historia está llena de patrañas…

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