Parque Acuático Valladolid

Por J. Jesús López García

En el siglo XIX inicia una valoración por la vida saludable relacionada a los espacios al aire libre, al baño, al contacto con la naturaleza. Con el crecimiento de las ciudades, la aglomeración, los humos y todo lo relacionado a los hacinamientos, se buscó crear en las urbes, algunos enclaves destinados a fomentar actividades relacionadas con el agua y la preservación de especies vegetales sin otro uso que el disfrute.

Los balnearios surgieron así casi al tiempo de los jardines públicos en el siglo antepasado. En Aguascalientes el Jardín de San Marcos, los Baños de Ojocaliente y Los Arquitos pertenecen todos a la centuria decimonónica y surgen en un siglo en que la Villa de la Asunción de las Aguas Calientes, se transforma en la ciudad de Aguascalientes, capital de un nuevo estado de la Federación, y en que la economía del lugar cambia de lo agropecuario a lo industrial, disparando con ello a la población asentada en la capital y con ello también la necesidad de sitios para el esparcimiento y el “sano ocio” que si además promovía el cuidado “moderno” de la salud, mucho mejor.

Muchas figuras históricas tuvieron experiencias importantes en balnearios y jardines como Antón Chéjov (1860-1904) que enfermó de tuberculosis y murió tratando de reponerse en el balneario-spa de Badenweiler en la Selva Negra, Alemania. Desde entonces los balnearios se relacionan con la salud, y múltiples hospitales especializados que tratan de recrear las relajadas atmósferas de los balnearios como el Hospital de Paimio, en Finlandia de Alvar Aalto (1898-1976).

Ahora ya acabado el periodo vacacional de primavera, añoramos esos espacios del ocio y la salud, por haber acudido a ellos o por no haberlo hecho, y ya no nos es ajeno el experimentar actividades en torno a una alberca con jardines anexos. Cosa que antes del siglo XIX se reducía a muy pocas actividades, casi todas ellas remontadas a la edad Antigua o a culturas no occidentales. Ahora albercas y jardines, en general, ya no tienen ese prevaleciente tono de búsqueda de higiene.

Como temas arquitectónicos, albercas y paisaje han tenido grandes modelos en los últimos años como la piscina proyectada en la casa de Joséphine Baker (1906-1975) por Adolf Loos (1870-1933) en 1927; las Termas de Vals en Suiza por Peter Zumthor (1943-   ) en 1996, o las intrincadas albercas de “Les Bains des Docks” de 2008 por Jean Nouvel (1945-   ). No hay que descartar nuestros propios centenarios baños y albercas públicas.

Ya en pleno siglo XX los clubes deportivos y sociales incluyeron albercas como atractivos principales y de las albercas públicas destacó mucho tiempo la de La Cantera. Más reciente el balneario de Valladolid en Jesús María, y la sección nueva de Ojocaliente, ya demolida, fueron mucho tiempo una opción para quienes no eran miembros de clubes.

El balneario de Valladolid con la alberca en primer plano y el gran restaurante mirador dominando la vista al fondo, desplantado sobre un volumen cilíndrico y coronado por un elemento que recuerda la forma de los platillos voladores de los años cincuenta y sesenta, como los retomados por la arquitectura “googie” californiana. Como contrapunto una arcada que recuerda a un acueducto de apariencia más tradicional al pie de la torre y todo aderezado por los grandes árboles del sitio.

Estos espacios para el esparcimiento son puntos de concentración comunitaria en que la gente se recrea en ellos, además de suscitarse en estos lugares diferentes y variadas situaciones de convivencia, alejadas de la formalidad de la vida laboral cotidiana como una válvula que libera las presiones del día a día.

La automatización y la tecnología de las comunicaciones van apuntalando de manera paulatina la reducción de las horas laborables y estos espacios destinados al esparcimiento irán por su parte afianzando su pertinencia para la salud física y mental de la comunidad.

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