Prof. Fiaviano Jiménez Jiménez

Las autoridades educativas de todos los niveles, así como los padres de familia, se dan cuenta que a pesar de todos los esfuerzos que se están realizando, en las clases a distancia, los alumnos no están aprendiendo lo que debieran. Las clases por televisión, inicialmente, despertaron expectación; pero con el paso de los días se hicieron aburridas y en gran parte se dejó de ver la televisión. Las clases a través de computadoras y por celular tuvieron aceptación; sin embargo, los alumnos de educación básica no aprenden igual mediante estos dispositivos, y muchos no cuentan con ellos para realizar trabajos. Nadie sabe, a ciencia cierta, cuál es el nivel de aprovechamiento escolar logrado a distancia hasta estos momentos; porque no se han hecho evaluaciones sobre aprendizajes. En cambio, los datos concretos que sí se conocen son los publicados por el INEGI: durante el ciclo escolar 2019-2020 desertaron un millón 800 mil estudiantes; y en el ciclo escolar 2020-2021 (el que está en curso) cinco millones 200 mil alumnos no se inscribieron.
Si las autoridades educativas federales tienen interés en conocer el real nivel de aprendizaje del alumnado, durante el tiempo de Aprende en casa, ya deberían estar diseñando un instrumento de valoración, no para calificar, sino estrictamente para medir el grado de aprendizaje de los estudiantes, en relación con los contenidos fundamentales de los programas de estudio; así como para detectar en qué aspectos específicos hay deficiencias. Con base en los resultados de esta evaluación, se tendrían elementos concretos para efectos de regularización; fijando tiempos adecuados para su atención dependiendo del tamaño del reto, y sin descuidar el desarrollo de los programas propios del ciclo escolar en curso. Si no hubiera interés por la parte federal, las autoridades educativas del estado pueden hacer este trabajo en su jurisdicción. Para ello, habría que convocar a especialistas, a maestras y maestros experimentados para que empiecen a diseñar los instrumentos de evaluación. No basta con declarar que “es inminente el regreso a las clases presenciales” y no prever lo necesario para normalizar los estudios; pues lo más importante con el regreso a las clases presenciales es tener el diagnóstico claro sobre la dimensión del rezago y con base en éste preparar estrategias con miras a superar las deficiencias, sin menoscabo de los programas de estudio en desarrollo. Pero si ni la federación ni la entidad asumen esta responsabilidad, entonces, como siempre, cada maestro tendrá que evaluar a sus alumnos con todas las limitaciones que esto implica: el docente, como profesional de la educación, puede conocer a sus alumnos y saber en lo que están bien y en lo que andan mal; sin embargo, el esfuerzo para la superación académica es individual y disperso; cada uno le da la orientación que considera mejor; no hay trabajo grupal que enriquezca, como sería lo deseable en los trabajos colectivos promovidos por las autoridades. Las autoridades educativas deben tener claro que gestionar, no es únicamente lo concerniente a la burocracia, sino lo más importante: gestionar los aprendizajes de los alumnos.
Remozar o dar mantenimiento a las escuelas y otorgar algunos insumos para la sanidad de la comunidad escolar (de dos o tres días), es bueno y es cosa de agradecer; pero éstos apenas son condiciones mínimas para lograr lo más importante: los aprendizajes de los alumnos. En tal virtud, si hay premura por regresar a las clases presenciales, y que es bueno; sería mucho mejor que a la par se hicieran los preparativos para el mejoramiento académico, pues es la razón primordial de las clases presenciales. Para tal efecto, ya deberían estarse diseñando proyectos de mejoramiento académico, y no dejar solos a los maestros con la enorme tarea de superar todo; o, ¿cuál es la función central de las autoridades educativas?