Saúl Alejandro Flores

En el pueblo denominado “agua abundante” el cual sólo tenía el nombre, porque el agua simplemente dejó de ser lo que sobraba, marcando una ironía porque la abundancia era cosa del pasado, el líquido escaseaba y su precio era alto, más alto que la comida de lujo y que las prendas de vestir importadas. En el pueblo respecto al agua lo que sí abundaba era que casi todos sus habitantes hablaban de ello.
Parecía no haber otro tema de interés en el pueblo más que el agua, hasta el tedio se hablaba sobre el asunto, de las formas más variadas predominando los que tenían solución para todo y por supuesto los que no podían faltar eran los políticos que aspiraban otra vez a algún cargo, ya tenían un puesto público pero para seguir perteneciendo a la élite buscaban ahora otro puesto, sin importar el color o ideología.
Podrían en sus campañas tratar de muchos temas, pero los favoritos eran aquellos que según su apreciación les garantizaba muchos votos, a fin de cuentas desde su perspectiva inmediatista no había más solución, más que cobrarla más barata, por otro lado, aquellos ciudadanos vivaces se verían beneficiados por que siempre buscaban la manera de encontrar otra forma de evitar pagar, tocando puertas de políticos dispuestos a hacerles la gestión, era notorio el detalle que muchos de esos ciudadanos, desfilaban por oficinas públicas pidiendo apoyo de todo tipo, manifestando ser víctimas de todas las desgracias posibles, sin embargo, en la angustia que sus palabras expresaban, destacaba un detalle venían siempre acompañados de bonitos y costosos aparatos de telefonía móvil, que por supuesto no eran económicos y operarlos o contar con un servicio tampoco, por lo que resultaba curioso que pidieran ayuda para no pagar agua, pero no para evitar pagar su servicio telefónico.
En el pueblo todos hablaban de todo, sin excepción, las calles, rincones de la ciudad, bares, escuelas, cafés, parques destacaban por su copiosa concurrencia y desde murmullos hasta discusiones acaloradas, a veces era incómodo porque sectores amplios de la población descalificaban a quienes no opinaban igual, o bien eran presa fácil del rumor, condenando a personajes de la vida pública, fueran artistas o políticos, pero su mayor comentario como podía constatarse en el pueblo que a su entrada decía: “Bienvenidos al pueblo de agua abundante” era el agua, y de hecho como podía constatar cada viajero que cruzaba por el pueblo, que a su llegada sentía la inclemencia del calor y la sequía, sin hidrantes públicos, o tomas de agua que pudieran mitigar su sed, sólo podía comprarla en botellas cuyo precio comparado con la realidad en costos y demás insumos era exorbitante.
Cada viajero veía que la única forma abundante del agua era en palabras, palabras y frases, parecería como si fuera un complejo el que presentaba cada habitante, hablar de lo que carecía, de hecho ese centro urbano que cuatro décadas atrás presumía de limpio era un generador de basura, por que como el agua era escasa, ya no lavaban trastes, se usaban las vajillas y cuberterías de plástico o cartón que terminaban en los botes de basura, así que los montículos de basura en las afueras de la ciudad eran cúmulos de contaminación y degradación ambiental, además que la higiene personal ya no era tan notoria, porque el hábito de bañarse había dejado de ser cotidiano, quien se bañaba con más frecuencia, era dos veces a la semana, predominando los que se bañaban cada quince días, la ropa era desechable, prácticamente el agua era para beber y comer, los sanitarios no requerían del líquido y los productos alimenticios venían de fuera, podría decirse claramente que el agua virtual era importada casi al cien por ciento.
Los viejos en su estancia vespertina en la plaza, sentados en las bancas comentaban con una nostalgia que sonaba a reclamo, el descuido que se vivió cuatro décadas atrás y que las únicas alternativas que les ofrecían era traer agua de otros sitios, incluso del mar, pero las movilizaciones sociales impidieron la implementación de los trasvases, la pertenencia fue impactante, además marcada, porque en los lugares en donde se extraía agua en bahías, por defectos y malas planeaciones en los procesos de licitación quedaron en bahías y pequeños lugares, en donde la concentración de sales extraídas en el proceso de la desalinización, afectó el ecosistema con la alta concentración salina y otros componentes químicos, lo que propició una mala imagen para dicha tecnología, siendo que pudo ser buena.
A lo anterior, se sumaron los altos costos que implicaba el traslado del agua con todos sus procesos, desde extracción, desalinización, potabilización, conducción y distribución, era cara, el gobierno tanto federal y estatal no pudieron con los costos, dejando en manos de la inversión privada, lo que aún más enervó los ánimos en la sociedad por falta de control y sensibilización. En fin el destino estaba dado para el pueblo llamado “agua abundante”, porque a partir de ese momento y por los años venideros lo único abundante serían las palabras sobre el agua.
Comentarios: saalflo@yahoo.com twitter:@saul_saalflo

¡Participa con tu opinión!