Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En la colaboración anterior comentamos lo que los maestros hacemos y debemos reforzar, en relación con las variantes pedagógicas, para atender la educación emocional de los estudiantes en emergencia sanitaria. También subrayamos que los maestros no debemos estar solos en esta tarea, la atención emocional es una corresponsabilidad de docentes, directores, supervisores, apoyos técnicos, psicólogos, trabajadoras sociales y padres de familia, que son los que integramos, básicamente, la comunidad educativa.

Ahora bien, para coordinar y hacer funcional los trabajos de las escuelas, existen sugerencias o lineamientos internacionales para que los países puedan integrar la educación emocional en un proyecto nacional que aglutine o ensamble los esfuerzos (dispersos) de las escuelas singulares. Después de realizar un diagnóstico (tanto de carencias como de las fortalezas y debilidades) sobre la difícil situación que impensadamente se vive, International Network Education in Emergencies recomienda, en el campo educativo, establecer cuatro áreas estratégicas de atención: 1) Políticas educativas; 2) Calidad del proceso enseñanza-aprendizaje; 3) Acceso y ambiente de aprendizaje; 4) Maestros y otros actores de la educación.

En relación con políticas educativas; éstas se formulan y promulgan, priorizando el acceso gratuito de todas y todos los estudiantes; se establecen mecanismos flexibles, de inclusión y de calidad educativa en todos los contextos de la emergencia; se planifican e implementan las políticas educativas con base en normas nacionales, internacionales y las necesidades de los afectados; y se fijan mecanismos de coordinación transparentes para las actividades educativas emocionales (por la emergencia) que comparten los beneficiarios. En lo referente a la calidad del proceso enseñanza – aprendizaje, se ajustan los planes y programas de estudio; se priorizan los aprendizajes significativos de manera interdisciplinaria; se promueven métodos de interacción entre maestros, padres, hijos y hermanos; se internalizan prácticas de autocuidado: primeros auxilios, psicológicos y de apoyo emocional; la enseñanza se centra en el alumno, es participativa e inclusiva; periódicamente se evalúa el proceso enseñanza – aprendizaje, empleando métodos apropiados para verificar y validar logros del proceso. En cuanto al acceso y ambiente de aprendizaje, se asegura que todos los niños, adolescentes y jóvenes queden inscritos para llevar a cabo el proceso enseñanza-aprendizaje; se crean mecanismos para garantizar que todos los estudiantes permanezcan y concluyan sus estudios satisfactoriamente; se crean las condiciones pertinentes para la realización exitosa en los estudios y se brindan los apoyos necesarios para cubrir las carencias que se detectaron en el diagnóstico previo. Y lo concerniente a maestros y otros actores de la educación, se debe considerar que éstos tengan las condiciones laborales adecuadas, estímulos, y los recursos indispensables para su eficaz desempeño, en concordancia con su contexto; se empoderan y legitiman como actores locales; se debe tomar en cuenta en qué medida los maestros también son afectados por la emergencia; y brindarles capacitaciones según lo requieran las circunstancias; así como soportarlos con apoyos de supervisión y de acompañamientos permanentes en lo académico.

Son los aspectos fundamentales que se sugieren para asegurar un trabajo coordinado y efectivo del sistema escolar para casos de emergencia, como la que estamos viviendo. En México se está atendiendo la educación mediante Aprende en casa; como respuesta a la emergencia sanitaria; pero nos quedan las dudas si hubo, previamente, un adecuado diagnóstico de la dimensión de la emergencia para determinar lo más pertinente en materia educativa; si se establecieron políticas educativas de conformidad con las reales necesidades de los estudiantes, de los maestros y de los padres de familia; si hubo adecuaciones de los planes y programas de estudio; si la calidad educativa es una norma rectora en el proceso enseñanza- aprendizaje a distancia; si hay apoyos para cubrir las carencias tecnológicas; si hay métodos adecuados y pertinentes para evaluar los aprendizajes; y si los resultados (de haber) son los esperados hasta el momento. ¿Estamos en el camino correcto?