Por J. Jesús López García

En la historia de la arquitectura, el Romanticismo, ofreció las condiciones para la evocación, restablecimiento y el surgir de los estilos arquitectónicos y costumbres del ayer, a través de los retornos, neos y revivals, con base en los estilos del pasado o inclusive de tradición exótica, distintos a lo edificado en la Europa occidental, llevando a cabo una reinterpretación personal de quienes diseñaban. Quizás el que descolló de entre todos, fue aquel que provenía de la época medieval, llena de encantamiento, hechizo y atractivo, alzándose en el ambiente romántico en el siglo XIX.

Indudablemente, una codificación arquitectónica –estilo- revival que tuvo gran aceptación entre el clero y los pobladores en general, fue el neogótico. En los municipios aguascalentenses observamos algunos ejemplos de ello, tal el caso del Panteón Viejo en Rincón de Romos. Para llegar a él, es a través de la calle-carretera El Bajío, plagada de mezquites y pirules. El conjunto está conformado por tres secciones: la primigenia, el anexo, y frente a éstos, el panteón americano.

La primera de ellas, la más antigua, cuenta con un porticado a manera de vestíbulo sobre una plataforma escalonada. Los cinco arcos ojivales o apuntados del frente, y los dos laterales, dan una connotación medievalista. La fachada es culminada por una cruz y en medio de la parte de muro y pretil, todo en piedra, se lee Las almas de los justos están en las manos de Dios. La arquería está soportada por columnas de capiteles toscanos. Para acceder al panteón es a través de un marco con un dintel con claras reminiscencias de la arquitectura neoclásica, representando una mezcla de estilos acorde con el Romanticismo arquitectónico. El techo original ha desaparecido, y su lugar lo ocupa una serie de bóvedas catalanas: vigas metálicas y cuña, sostenidas por un muro de adobe que aún pervive y se aprecia por el interior del panteón.

El amplio frente está constituido por lienzos, en el lado antiguo y por reja en el anexo. La pared principal actualmente tiene un mural de manufactura reciente, que a decir del sr. Roberto Aguilar, encargado de mantenimiento, y quien amablemente compartió información, en la época revolucionaria se utilizó como paredón. Los mensajes alusivos a la Fe y a la muerte están presentes doquier, pues además del referido, hay otro que menciona El que cree en mí, no morirá.

Caminos de distintos materiales nos conducen por el conglomerado de tumbas, que ofrecen al visitante, siempre y cuando no asista por claros motivos, una multiplicidad de diseños y expresiones artísticas antiguas y actuales. Las hay aquellas que están al ras del piso, unas elevadas a través de una plataforma y con techumbre, la cual alberga, en algunos casos, las fotografías de los difuntos; con evocaciones de estilos del pasado como el neoclásico, todo en piedra; caminos sinuosos hace que el recorrido se torne atrayente.

Llama la atención de forma positiva que los árboles originales permanezcan y no se hayan quitado, pues la variedad de ellos tiene raíces a manera de rizoma. Las formas del culmen de las tumbas son de diseños extraordinarios: un “monumento” de piedra rojiza trapezoidal rodeado con “listones”, también de piedra. No faltan aquellas que semejan una capilla, torres incluidas, que incluso, el sr. Roberto, refiere que hay similares a la exhibida en la película El Infierno, así como una reinterpretación de la Capilla del Padre Nieves, toda proporción guardada.

Al fondo de la sección primigenia se encuentran los servicios sanitarios, además de las criptas, recién edificadas a causa de la pandemia, que hizo los entierros disminuyeran y las cremaciones aumentaran. Dentro de esta área, y de nueva construcción, está un conjunto organizado de fosas, y a un lado tres módulos de criptas, en donde se observa la creatividad y personalización de éstas; algunas se les añade una cubierta para colocar una imagen del ser querido y las condiciones del clima no la deterioren. También es recurrente las flores y elementos de plástico y no naturales –que son los menos-. Sobresalen cuatro mausoleos, de diseño actual, seguramente llevados a cabo por profesionales de la arquitectura: la primera es un paralelepípedo con diferentes alturas en el paño, puertas de vidrio y recubrimiento de piedra café; una con planos inclinados recubiertos de mármol blanco, otra con prismas triangulares intersectados blancos, y la última, con un exaedro con el acceso en forma de cruz, además un sepulcro con una lápida de piedra fechada en 1906