Por J. Jesús López García

En cuanto a sistemas constructivos en arquitectura, el más antiguo y elemental es aquel que utiliza los muros como sistema estructural, así como la definición de espacios. En Aguascalientes, ha sido moneda corriente el uso del adobe, así como la piedra en los municipios más al norte del estado, de tal manera que las fincas de robustos muros y vanos estrechos nos son comunes.
Indudablemente, un elemento tan importante como el muro ha dejado huellas en distintas civilizaciones, como las murallas que defendían una ciudad, o el Muro de los Lamentos, vestigio del Templo de Jerusalén. Así, la pared se alza como un elemento con un potencial significativo para acentuar un espacio y lo que se contiene en él. Como un ámbito delimitado por diferentes medios, lo vemos en los panteones, los cuales, al estar acotados, exigen respeto y veneración, propios de un suceso que nos lleva a reflexionar sobre la muerte.
Un ejemplo digno de análisis lo encontramos en el cementerio de San José de Gracia, donde la tapia que lo delimita frontalmente alude a lo descrito. Para llegar al panteón, antes de San José de Gracia, la carretera principal se entronca con otra que bordea la traza urbana por la cual se llega directamente hacia él. El paisaje agreste, sobrio, austero, lleno de flora local y con múltiples potreros, recibe al visitante. Un amplio terreno a modo de un emplazamiento permite que los automóviles se estacionen sin problema alguno.
La amplia fachada está compuesta por una barda con una repetición escalonada de columnas de piedra y muros bajos de tabique, a través de los cuales se perciben la infinidad de tumbas, a modo de mausoleos. El cementerio cuenta con dos entradas: por el norte acceden más personas, dado que se encuentran dos frondosos mezquites que permiten dejar el auto bajo la sombra y entrar directamente al panteón; en cambio, la entrada sur carece de un mínimo árbol, lo que no resulta agradable al entrar por ella.
Una vez se cruza el umbral, la amplia calle central, compuesta por el terreno natural, de la cual parten otras perpendiculares, permite un fácil tránsito e identificación de las tumbas. La referencia de la cruz nos indica que es un panteón, ya que, de lo contrario, algunos tramos pasarían por casas de un fraccionamiento, por la disposición de los tipos de mausoleos. Los hay con buenos diseños y excelente fabricación y materiales de primera, así como aquellos que recurren al tradicional tabique con aplanado y pintura, así como a la piedra conocida como cantera.
Son abundantes los sepulcros resueltos con una estética y componentes actuales, seguramente llevados a cabo por profesionales del diseño y la construcción, donde prevalece la experimentación con formas que se intersectan y se sustraen, integrando el elemento que les asigna el carácter mortuorio: la cruz. Hacia la mitad del recorrido, a través de la vía principal, hay una delimitación con una serie de pilastras de piedra y una reja cerrada; sin embargo, todo lo demás no tiene piezas que obstruyan el paso hacia el otro lado.
En esta zona, los sepulcros se disgregan de manera orgánica, varios se encuentran en un conjunto hacia el norte del terreno, y otros exentos, sin relación alguna entre ellos y el grupo. La ubicación de las tumbas está en función de la gran cantidad de árboles frondosos existentes, lo que hace más amable al espacio fúnebre. Un cilindro entronizado por una cubierta con forma de cono parece ser un osario; sin embargo, sabemos que éste ya no es utilizado, lo que genera ciertas interrogantes sobre su probable utilización.
Hacia el sur, hay una barda triangular truncada y horadada por un vano con un arco de medio punto, de piedra, que conecta hacia otra sección del panteón. Un camino de adoquines conduce hacia la calzada principal, perpendicular a este. La calle principal se encuentra delimitada por áreas de césped con hileras de cipreses, rematando con un frondoso mezquite inmerso en una plataforma de piedra sobre 60 centímetros del terreno natural. Esta zona cuenta con amplios solares en donde se disponen criptas, tal es el caso de la Familia López Ventura, entre otras. Sin duda, las visitas a los panteones son una oportunidad de acercarse a un episodio de la vida al que todos llegaremos: la muerte.