Ricardo Vargas

Luego de un mes de contingencia sanitaria prácticamente total, en donde teóricamente sólo operaron negocios esenciales a nivel nacional, y en donde se le pidió a la población que permaneciera en casa a menos que hubiera que realizar alguna actividad realmente necesaria, aparentemente comenzaremos a regresar a una “nueva” normalidad a partir de la próxima semana. El tema económico tiene mucho peso en esta toma de decisiones, pues puede ser igual de dañino que la crisis sanitaria que estamos ya viviendo en nuestro país. Sin embargo, la realidad es que no hemos visto del todo la gravedad del tema económico y no hemos dimensionado realmente el problema, o eso parecemos manifestar. Desde la Presidencia de la República nos han dicho desde el inicio de este sexenio que todo marcha bien, que vamos en un excelente camino y a un muy buen ritmo para obtener un alto nivel de crecimiento económico pero que viene con desarrollo. La realidad es otra, y a pesar de que podrían perderse más de 1 millón y medio de empleos formales durante este año, no hemos realmente visto medidas gubernamentales para corregir este problema. Se prometieron dos millones de nuevos empleos dentro del sector formal, que no serían realmente nuevos sino que únicamente repondrían aquellos que se pierdan durante el presente año. Y entrando en este tema, cuando se analiza lo que se presentó desde la Presidencia de México, se observa que gran parte de estos “nuevos empleos” no son realmente empleos. La estimación de más de 1 millón de empleos perdidos para este año se refiere a aquellos empleos permanentes dentro del sector formal, sin tomar en cuenta a aquellos empleos estacionales o temporales. Sin embargo, de los dos millones de empleos que se prometieron dentro del plan de rescate económico, 970 mil de ellos fueron presentados como “Créditos para vivienda INFONAVIT y FOVISSSTE”, bajo el argumento de que cada crédito que se otorga genera de manera indirecta un empleo formal. Más allá de que esto carece de lógica y de evidencia suficiente para tal aseveración, se entiende que los créditos son temporales y que no representan realmente plazas laborales nuevas. Asimismo, actividades como la construcción del aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya representan también empleos temporales, pues su espacio en el tiempo es limitado a las obras de construcción de ambos proyectos.

Por otro lado, del desglose que fue presentado esta semana, los empleos que pudieran ser considerados como fijos provienen en su mayoría de programas sociales financiados por el Gobierno Federal y que podrían tener un horizonte de tiempo limitado a este sexenio, como ha sucedido históricamente con varios programas sociales en nuestro país, dada la falta de sinergia y visión a largo plazo en la transición de gobiernos. Es importante resaltar y entender, que se necesita una mayor participación de la federación dentro del mercado laboral, y una mejor comunicación con sector privado, ofrecer incentivos fiscales y económicos a empresas, buscando la creación de verdaderos empleos formales. Este año no solamente no se generarán los empleos formales necesarios que demanden la nueva oferta laboral de los jóvenes que se incorporan al mercado, sino que además se perderán empleos ya existentes. No es para nada un tema menor.

 

Para llevar.

De una forma realmente extraña y contraintuitiva, todo parece indicar que este próximo 1 de junio muchos sectores de la economía comenzarán a reactivarse después de casi dos meses de inactividad, incluyendo centros de comercio y lugares para consumo de bebidas y alimentos. Esto se da con una curva de contagios que evidentemente no se ha aplanado, y que al contrario continúa mostrando un crecimiento exponencial. Es cierto que el tema económico es un problema serio, y que podría ser quizá igual o más letal que el tema sanitario pues se estima que la pobreza aumente en cerca de 30 millones de personas este año, y la pobreza extrema lo haga en 10 millones. Sin embargo, no debemos de confiarnos ni bajar la guardia en cuanto a medidas sanitarias. En esta columna he mencionado en repetidas ocasiones las repercusiones tan fuertes que trae una inactividad económica, pero debemos buscar un balance entre una reapertura gradual de la actividad económica y la permanencia de medidas sanitarias que mitiguen la propagación del virus. El uso del cubrebocas, mantener la distancia entre personas, estornudo de etiqueta, lavado frecuente de manos, etc. Busquemos una reapertura económica pero continuando con las medidas sanitarias que hemos estado aplicando durante los últimos 30 días. Juntos podemos.

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Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx   @1ricardovargas

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