“No nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo”

Papa Francisco.

Lic. René Urrutia de la Vega

La situación histórica que nos ha tocado experimentar en este momento, sin duda alguna, representa una cantidad importante, cuantitativa y cualitativamente hablando, de desafíos a los que nos enfrentamos en lo individual, en lo social y en lo público, desafíos que debemos atender, siempre y cuando estemos en actitud y en posición de entender lo que en realidad está ocurriendo a nuestro alrededor.
Las implicaciones de todo esto no solamente se circunscriben al tema de salubridad general, eso es apenas lo que le da origen y constituye quizá, en principio, la implicación principal, al menos hasta este momento, pero existen otras de naturaleza social, laboral, familiar, económica, internacional, legal y, por supuesto, criminal.
Si entendemos que el comportamiento criminal en una sociedad está determinado por el momento o la motivación del individuo y por la ocasión específica en que se puede generar una conducta antisocial, es necesario hacer un análisis profundo y dar una lectura oportuna y apropiada de lo que está ocurriendo hoy en día, ya que la dinámica social está cambiando considerablemente, el aislamiento social y las medidas de higiene son un factor que está determinando esa modificación, que condiciona sensiblemente la manera en que nos relacionamos en comunidad y, en consecuencia, la manera en que se presenta el comportamiento criminal.
Estudios previos generados a partir de la más reciente vivencia de este tipo, me refiero a la pandemia ocurrida en 2009 con el virus AH1N1, arrojaron información relevante relacionada con un aumento en la incidencia delictiva o delincuencial para algunos delitos y disminución para otros, por ejemplo, en tratándose de delitos cuya causa es precisamente el contacto social, como pueden ser el homicidio y las lesiones intencionales, se produjo un descenso significativo, mientras que lamentablemente aquellos que tienen que ver con violencia familiar, violencia sexual y de género, presentaron un aumento considerable.
Este último rubro es el que nos merece, al menos en este momento y bajo esta óptica, una atención particular, ya que el aislamiento social implica que debemos quedarnos en casa y eso está bien para evitar la propagación de la enfermedad, a partir de la disminución de los riesgos de contagio, que en realidad es la mayor amenaza de este virus, pero por otro lado, genera una convivencia familiar de mayor intensidad, es decir, las familias estamos conviviendo mucho más al interior de nuestras casas y, si recordamos que un alto porcentaje de los delitos apuntados líneas arriba ocurren en casa y que muchas veces las mujeres, los niños y las niñas tienen al enemigo en su propia habitación, podremos entender que el problema es de importantes dimensiones y precisamente ahí es donde se debe poner el foco de atención.
A lo que pretendo llegar con esta opinión, que por la extensión del espacio no es posible llevar a terrenos de un estudio minucioso, es a hacer un llamado de atención, primero, a todos los que estamos acatando las medidas de aislamiento social, voluntario o no, pero que finalmente nos están llevando a una convivencia intensa y prolongada en nuestros hogares, a que entendamos que no podemos llevar esta convivencia al extremo de la violencia y que debemos atender nuestra salud mental, nuestras propias actitudes y nuestras problemáticas personales, cualesquiera que sean, que puedan llevar a una situación de violencia y, por supuesto, que estemos muy atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor, con nuestros vecinos, con nuestras familias y con nuestros conocidos, para denunciar y reportar cualquier situación que pueda advertirse en este sentido.
En segundo lugar, a las autoridades, instituciones y todos aquellos entes públicos y privados que tienen funciones de prevención, de atención y de contención de este tipo de conductas y de fenómenos sociales, para que adviertan la necesidad de contar con herramientas sociales que sean ampliamente difundidas y atendidas, para que las medidas de prevención también alcancen el riesgo de propagación de conductas antisociales particularmente en el interior de los hogares.