Por: Víctor Hugo Granados Zapata

A mediados del mes de marzo, el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma anunció que se adelantarían las vacaciones de semana santa (además de extender su duración a 30 días), esto significaría que el periodo de receso escolar sería del día 20 de marzo al día 20 de abril; esto como una decisión en conjunto con la Secretaría de Salud y el Consejo de Salubridad General, como parte de las medidas de aislamiento social, es decir, el famoso “quédate en casa”.

Sin embargo, el número de contagios se incrementó en gran medida durante este periodo de receso escolar, lo que orilló a las autoridades a postergar el regreso presencial a las aulas para el día 30 de abril y, finalmente, recorrer la fecha al día 1 de junio. Pero, se reanudarían las clases el día 20 de abril, a través del programa “Aprende en Casa”.

¿Qué es el programa “Aprende en Casa”? Es una medida en la cual, la SEP, transmitiría las clases de educación básica (preescolar, primaria y secundaria) a través de sus medios oficiales (televisión abierta, en el portal oficial de la SEP vía internet, a través de programas de radio y finalmente con cuadernos de trabajo, para las comunidades rurales e indígenas que no tengan la infraestructura para usar los medios anteriores).

Esta medida se implementó con la finalidad de no perder el ciclo escolar. Además, fue planeada en colaboración de juntas que realizó la UNESCO junto con 25 secretarios y ministros de educación de todo el mundo, además de estar respaldada por trabajos académicos publicados por la OCDE y Harvard (léase a Fernando Reimers y Andreas Schleicher), lo que nos permite asegurar que el programa “Aprende en Casa” tiene un respaldo académico a nivel internacional.

Por otra parte, lo “no tan bueno” de estas medidas es que parten de la idea de que las y los alumnos deberán aprender de forma autodidacta, es decir, deberán de realizar sus actividades con los materiales a la mano y aprender de la pantalla. Si bien, las madres y padres de familia pueden apoyar a los estudiantes con su aprendizaje, delegarles la responsabilidad de su aprendizaje sería una carga extra, además de que (obviamente) no todos son docentes, no cuentan con las técnicas y conocimientos en el área de pedagogía necesarios para impulsar el aprendizaje a sus hijos.

Lo anterior nos permite resaltar que, de ahora en adelante, el trabajo docente en México debe ser más valorado, ya que (como se estarán percatando) la tarea de enseñar e instruir a los pequeños estudiantes es difícil y es en los docentes donde recae la responsabilidad de formar a los ciudadanos del futuro.

¿Qué podemos hacer para apoyar a los estudiantes? En primer lugar, es necesario exigirles a las autoridades educativas que inicien la planeación de un “programa de nivelación” para el siguiente ciclo escolar, dado que sería muy ingenuo (e irresponsable) pensar que esta pandemia no causaría estragos en el aprendizaje de los estudiantes.

Nuestro contexto actual de aislamiento no nos permite obtener los conocimientos que podríamos aprender en el curso regular de clases presenciales, es imposible aprender al mismo ritmo. Por lo tanto, debemos enfocarnos en tener paciencia y empatía con todas las personas, especialmente con los niños, quienes van a tener un mayor estrés psicológico y emocional, ya que deben de continuar con su aprendizaje, en mayor medida, por su cuenta.

Debemos ayudar a los niños a comprender los temas, explicarles que está bien que no aprendan como solían hacerlo en las aulas y, lo más importante, escucharlos. Esta situación es frustrante para todos y debemos ayudarnos para poder salir de esta, pero sobre todo ayudar a los más pequeños, quienes son los que más nos necesitan en estos tiempos de incertidumbre y crisis.