El ex titular de la SEP, Otto Granados Roldán, advirtió ayer que México corre el riesgo de tener una generación perdida por el rezago educativo, lo cual puede convertirse en una verdadera tragedia o pesadilla si no se hace algo de manera rápida, porque las pérdidas de aprendizaje impactarán también en el ámbito económico de las familias.

Antes de la pandemia, los resultados educativos de México a nivel global no eran buenos, por eso se hizo la reforma educativa de Peña Nieto, la cual es de largo plazo y debió tener continuidad. Sin embargo, la gente no puede andar pensando ni aspirar a regresar a la normalidad o a la nueva normalidad, la cual no debe ser tan mala a la que se tenía.

“Habrá que convocarse en los siguientes años a generar un diálogo nacional para acceder al mejor modelo educativo, y seguramente recogerán muchas de las propuestas de la reforma educativa del sexenio pasado”.

Agregó que cada persona debería elegir su formación vocacional con base en tres componentes: cuáles son los talentos, habilidades y competencias; lo que le apasiona y cómo está el mercado laboral.

En este momento, por la distracción de la pandemia por el COVID-19, la polarización política y el estancamiento económico, el actual Gobierno Federal no ha entrado a mirar el desafío educativo, y esto se aplica a muchos países, ya que el gasto educativo ha bajado entre un 33 y 60%.

“Con la pandemia se acentuó la pérdida de aprendizaje, las pruebas PISA son reveladoras de que los niños no sabían leer correctamente o no saben hacer operaciones matemáticas adecuadas, pero ahora ha salido reciente información que la afectación puede representar dos años escolares completos”.

El presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, señaló que el COVID representa afectaciones a las familias, entre las que tuvieron o no clases, las repercusiones podrían darse por un periodo largo de tiempo, incluso 10 años.

Entonces, la educación y la tecnología es un gran reto que se plantea en la actualidad. “Vamos a aislar el episodio de la pandemia, la cual lleva 20 meses desde que la decretó la OMS, y de sus consecuencias definitivas todavía no hay evidencia robusta sobre el saldo del cierre de las escuelas”.

Aunque ya se empezó a tener información sobre las pérdidas de aprendizaje y demás, pero las tecnologías de la información y de la comunicación son un instrumento muy poderoso para lograr la calidad educativa. Pero todo depende de tres factores:

  1. Cómo usas la tecnología para la educación.
  2. Cómo desarrollas productos tecnológicos, software, para que le sirvan al ser humano en el proceso de enseñanza aprendizaje.
  3. Cómo insertar las enormes ventajas de las tecnologías de la información y de la comunicación en los procesos de enseñanza y aprendizaje en las escuelas, de modo físico.

Indicó que los niños de hoy son nativos digitales, y no se les podrá quitar, tal y como quisieran muchas familias, pero sí se puede aprovechar esa ventaja en los procesos de enseñanza-aprendizaje, y precisamente ahí se encuentra la brecha porque los menores tienen más habilidades que los profesores adultos y los planes y programas de estudio son todavía rígidos o formales, y no pueden insertar productivamente la tecnología en las diferentes materias.

Entonces, dijo, se tiene un trabajo de investigación para aprovechar la tecnología en los procesos de enseñanza-aprendizaje, y cuando ello se logre no se sustituirá el papel de los profesores ni de los padres de familia.

“La capacidad de concentración y de retención de información en el cerebro funciona mejor cuando se lee en papel, por encima de las pantallas digitales, porque en ellas se dispersa la atención, lo cual implica que aquí se debe investigar todavía cómo usar eficazmente la tecnología en los procesos de enseñanza-aprendizaje, y de esta manera acceder a una educación de calidad”, comentó finalmente.

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