Jesús Carvajal
Agencia Reforma

RÍO DE JANEIRO, Brasil.- El Palmeiras se apuntó como el último invitado al Campeonato Mundial de Clubes Qatar, al vencer 1-0 al Santos, en un duelo ríspido, de pocas llegadas, pero con un cierre cargado de drama.
Un gol de cabeza de parte de Breno Henrique a centro de Rony al minuto 7 de la compensación, le dio el pase a Palmeiras a la justa a realizarse en Qatar a partir del 4 de febrero.
Palmeiras se apunta ahora como probable rival de Tigres de México en el Mundial, pues al estar instalado ya en fase de Semifinales esperará en Qatar al ganador entre el equipo regio y el Ulsan Hyundai de Corea del Sur. La semifinal será el 7 de febrero.
Para Palmeiras fue apenas su segundo título en el torneo, pues sólo había ganado la edición de 1999.
El cierre de partido realizado en el Estadio Maracaná resultó emocionante entre conatos de bronca y el gol en una la larga compensación, en primera instancia de 8 minutos y luego alargada a unos más.
Prácticamente en los primeros 90 minutos la película del juego fue de mucha garra, juego físico y esporádicas llegadas. De hecho antes del gol solo había dos tiros reales a portería y habían sido del Santos.
Sin embargo en la recta final las emociones y roces empezaron a reflejarse más.
Marco Rocha del Palmeiras empujó al entrenador del Santos, Alexi Stival “Cuca”, cuando éste se agachaba por el balón para dárselo en un saque de banda y eso ocasionó empujones, resultando el director técnico expulsado, probablemente de manera injusta, y el jugador amonestado.
También ya había sucedido otro conato de bronca que tuvo que ser frenado.
“Cuca” se fue a las tribunas siendo vitoreado por los pocos seguidores de su equipo en el Maracaná, pero poco le duró esa alegría por el apoyo en la expulsión, pues a los pocos minutos vino la tragedia para su equipo.
Rony envió un largo centro al área desde la banda derecha en donde Lopes conectó de cabeza para vencer a John Víctor y hacer estallar el júbilo de sus compañeros y aficionados, y la tristeza del rival.
Unos 500 aficionados, 250 invitados de cada equipo y 4 mil personas entre periodistas y personal técnico y de organización tuvieron acceso al duelo entre los equipos brasileños.
Fue la primera final de Libertadores entre equipos brasileños desde el 2006, cuando se midieron el Internacional y el Sao Paulo.