Por J. Jesús López García

En la arquitectura tradicional se encuentran simbolizados componentes colectivos y sociales, ya sea de índole política, religiosa, militar o incluso económica, labor que iba más allá de su ejecutor fáctico, de sus mecenas o de los habitantes mismos que participaban en su estructura. En el diario andar, al observar y admirar las soberbias catedrales, como la de CDMX, Puebla o la de Morelia, indudablemente que en su fábrica han convergido diversas épocas, estilos, enfoques y elementos sorprendentes.

El caso de la Catedral de Notre Dame de París, nos permite ejemplificar que todo aquello que consideramos peculiar, no fue de su fábrica primaria de la Plena Edad Media, sino de la restauración que durante dos décadas del arquitecto Eugène Viollet le Duc (1814-1879) llevó a cabo a mediados del siglo XIX, dentro de la cual se pueden enfatizar las célebres gárgolas y quimeras y la aguja del crucero, agregados posteriores del proceso medieval que por sí mismo, es posible se haya llevado tres siglos.

En la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Aguascalientes primigeniamente parroquia, en la década de los cuarenta del siglo XX, se le integró la torre sur, así como una serie de intervenciones, agregados –como los Anexos- y ampliaciones posteriores de cuando se erigió inicialmente, por esta razón en su configuración actual han existido primera, segunda, tercera o “n” etapas o historias, que se alzan como materias constituyentes del todo unitario, sin que alguna de ellas sea más importante que la otra.

Evidentemente para el ojo entrenado en la arquitectura o en el ámbito de la construcción, estas actividades no pasan desapercibidas, y no tanto para los demás, lo que a pesar de ello en múltiples ocasiones es complejo clarificar cada una de las etapas edificatorias del conjunto, tal el caso de las dos fincas contiguas en pleno “corazón” de la ciudad capital aguascalentense: el Palacio de Gobierno y el Palacio Municipal, que han sido objeto de diversas adecuaciones según han aumentado las necesidades de cada uno de ellos.

En el caso del Municipal, en su fachada principal Norte –la que mira hacia la Plaza de la Patria- es de filiación neoclásica, con componentes referidos a la estética y al espíritu del siglo XVIII, diferente del de Gobierno, con reminiscencias barrocas. Continuando con el primero, el segundo patio y la fachada sur son producto de intervenciones llevadas a cabo en la segunda mitad del siglo XX, que tuvieron la fortuna de integrar de modo señorial, componentes estilísticos neoclásicos de la finca, el cual además reune también agregados anteriores al siglo XX, tal como la pieza que corona al eje de simetría de la fachada, lugar en donde se localiza una escultura en alto relieve del Escudo del Estado de Aguascalientes, o la misma balaustrada que culmina en su cuerpo superior del inmueble, semejante en sus balaustres a los de la exedra de la Plaza de la Patria, diseñada por el arquitecto zacatecano Roberto Álvarez Espinosa en los años cuarenta del siglo pasado.

El segundo patio que contiene un estacionamento en el sótano y la fachada sur en su parte posterior, que incluye una escalinata de doble rampa con la serie de columnas en el acceso, semejantes a las de la entrada principal, quizá constituyan los fragmentos más significativos de la última intervención relevante del inmueble, a la cual se han incorporado otras menos trascendentes, como el cambio de pisos o el remozamiento de diversas zonas.

Finalmente, se puede mencionar que la finca continuará recibiendo remodelaciones diversas para irse adecuando a las demandas de los tiempos presentes, lo que con el paso de los años irá adquiriendo la pátina del tiempo, y futuras generaciones lo percibiran como que siempre ha existido así y allí, en el mismo lugar.