Luis Muñoz Fernández

En todo tiempo y lugar hay palabras apreciadas, que gozan de prestigio, y otras que, por el contrario, han perdido interés y se asocian con un rasgo no deseable. Sin embargo, cuando se analizan y se conoce a fondo su significado, nos podemos llevar la sorpresa de que contienen un tesoro en su interior que nos puede brindar lucidez y fortaleza. Tal es el caso de las palabras “humildad” y “compasión”.

Una sociedad como la nuestra asocia la humildad con la inferioridad y la humillación de los perdedores, de los pobres, de los indígenas. Lejos de ser una virtud, se toma como la última y la única defensa del fracasado ante un mundo dominado por quienes hacen gala de su éxito. Es algo que esperamos de quienes nos sirven, de aquellos que tienen que ganarse el diario sustento en medio de duras penalidades.

Nos dice Lewis Thomas, médico y escritor, que la palabra humildad proviene de “dhghem”, un antiquísimo vocablo indoeuropeo que significa “tierra”, el humus. Esto quiere decir que el significado original de la palabra humilde es tierra. Humilde es aquel que conoce la tierra que está pisando y que, por lo tanto, sabe también cuáles son sus propios límites. Comparten la misma raíz de humildad palabras tan importantes como humano, humanitario y humanismo.

Pasa algo parecido con la palabra “compasión”. Para Juan José Tamayo, secretario general de la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, “la palabra ‘compasión’ suena a sentimentalismo alejado de lo práctico, ajeno a la vida política; a comportamiento moralista que viene a encubrir las causas de la injusticia; a una vaga simpatía que se siente desde fuera o desde arriba con cierto complejo de superioridad”. La compasión como sinónimo de lástima, de conmiseración.

Tamayo estudia a varios pensadores que han profundizado en el significado de la compasión. María Zambrano, por ejemplo, la definió como ‘sentimiento actuante’, reconociendo su faceta práctica como elemento central de la auténtica compasión. Clara Valverde, activista social, la llama empatía radical, que define con estas palabras: “la empatía radical consiste en ponerse en el lugar de las personas que sufren, mostrar que su situación nos importa y que la sufrimos como si fuera nuestra”. Ahí está la clave del verdadero significado de la palabra: ver el dolor ajeno con los ojos del doliente, no con los nuestros, y hacer lo necesario para aliviarlo. Por eso nos dice Juan José Tamayo que “la misericordia y la compasión son inseparables de la justicia”.

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