CDMX.- Una celda sucia compartida con otras tres reclusas, sandwiches de crema de cacahuate o mermelada y apenas tres duchas a la semana.
Esas son las condiciones a las que se enfrenta la actriz Lori Loughlin durante su encarcelamiento en una prisión federal, por haber participado en sobornos para que sus hijas ingresaran a la Universidad de California en Los Ángeles.
La estrella de la serie Fuller House, de 56 años, ingresó a pagar su condena de dos meses el pasado 20 de octubre.
Holli Coulman, una ex reclusa convertida en consultora de prisiones, con conocimiento de la situación de Loughlin, dijo al Daily Mail que la famosa se encuentra realmente mal.
“Está sucio. Nunca puedes deshacerte de la suciedad. No es un lugar agradable. Tienen algo de paso, pero hay muebles viejos, de metal, nada ni estético ni moderno.
“Ella no está llorando cada noche, pero me han dicho que tiene una gran ansiedad”, comentó.
A Loughlin, particularmente, le preocupa la posibilidad de contagiarse de COVID-19.
Ella solicitó al juez arresto domiciliario, pero le fue negado.
De acuerdo con la Oficina de Prisiones de EU, Dublin, donde se encuentra la intérprete, ha reportado 16 casos positivos.
Debido a la alerta por la pandemia, a los reclusos se les permite apenas tres llamadas telefónicas cada siete días, y se les ha limitado tanto el número de visitas como el de duchas. (Staff/Agencia Reforma)