Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Un agradable calvario claustrofóbico

Esta es una de esas cintas denominadas “conceptuales”, pues de una idea básica austera se conjura todo un proyecto cinematográfico. Y es éste caso, uno muy disfrutable, gracias a la labor siempre correcta del director francés Alexandre Ajá (“Alta Tensión”, el remake de “Las Colinas Tienen Ojos”), quien contribuye al reducido subgénero de personajes confinados a espacios reducidos con “Oxígeno”, proyecto para Netflix que inicia con dosis de ciencia ficción para posteriormente pasar al drama con toques de tensión y angustia.
Mélianie Laurent (“Bastardos Sin Gloria”) es el show de una sola mujer en esta cinta que inicia con ella desgarrando una bizarra capa de tejido que la cubre, sólo para descubrir que se encuentra confinada en una cápsula médica de alta tecnología a la que le queda tan sólo 33% de oxígeno. Su memoria se encuentra anegada, sin una idea clara de su nombre, identidad o porqué se encuentra ahí y el único punto de contacto, una inteligencia artificial llamada MILO (con la voz de Mathieu Amalric), no pude darle datos al respecto, tan sólo informarle sobre todos los aditamentos que le rodean y su estatus de riesgo, pues cuando el oxígeno termine ella morirá. Las condiciones en que se produce el desarrollo de la cinta me impide revelar mucho sobre lo que acontecerá en esta claustrofóbica odisea, pues varios de los puntos argumentales se basan en giros de tuerca bien planteados que, revelarlos equivale a eliminar cualquier sorpresa. Baste decir que los retazos con que Laurent comienza a armar su pasado -flashes de un hombre que conoce o conoció llamado Leo, su madre y su profesión, al parecer médica- serán no sólo procesos mediante los cuales Ajá construya un personaje que deriva en el drama, sino además un punto claro de tensión, pues ella tratará de resolver todo para lograr escapar antes que el aire se le agote.
Así como ocurrió con “Sepultado” de Rodrigo García con Ryan Reynolds, los parámetros de acción y las herramientas narrativas se plantean automáticamente desde que la protagonista sólo tiene un campo de acción físico limitado y una sola motivación: evadir su sofocante confinamiento, por lo que el guion debe resolver cualquier cuestión de pathos y nudos dramáticos sin caer en la monotonía por la naturaleza micro de su espacio y argumento. Por fortuna el guion de Christie LeBlanc supera la barrera del thriller superviviente dimensionando a su protagonista como un ser humano creíble que va creciendo en cuanto a personalidad y humanidad conforme va enfrentando los diversos matices de su situación, mientras que Laurent estructura todo gracias a su expresivo rostro y lenguaje corporal. Ajá compensa el estrés inherente de la premisa con un ritmo balanceado que se nutre de diversas fuentes, incluyendo los emergentes recuerdos del personaje principal y momentos cargados de melancolía y suspenso, pues mientras ella trata de resolver el misterio de su amnesia y su encierro, la amenaza de la asfixia la persigue a cada momento, dejando al espectador atento a todo lo que ocurre. “Oxígeno” es una grata sorpresa que en lugar de arrebatarnos aire, nos lo da en calidad fresco.

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