Ricardo Vargas

Sin duda alguna el tema central de la agencia pública y de los medios de información sigue y seguirá siendo por unas cuantas semanas más, la crisis sanitaria que enfrentamos por el COVID-19. Como una consecuencia natural de esto está la fuerte crisis económica en la que nos estamos adentrando, que será más fuerte que las últimas tres crisis económicas importantes que vivimos en nuestro país. Y es que esta crisis es distinta, porque no es causada por un problema realmente económico, sino que es afectada por una condición externa que ha deprimido tanto los niveles de demanda como los niveles de oferta. Quizá en magnitudes similares. Esto en consecuencia, trae problemas al mercado laboral en forma de despidos de empleados o en recortes de sueldos y prestaciones.

Es una crisis difícil de solucionar porque no bastaría solamente con disminuir costos financieros y fomentar el consumo porque quizá la oferta siga trabada y no pueda responder a una recuperación de los niveles de demanda. Y de manera intuitiva, no bastaría únicamente con impulsar la recuperación de la oferta mediante incentivos a la producción o a la importación de bienes de consumo, pues quizá la demanda permanezca deprimida por un tiempo más. Es entonces una crisis que tiene que ser enfrentada por los dos lados, y que requiere de muchos apoyos económicos no para evitarla sino para aminorarla y reducirla en términos de duración en el tiempo. Esto se resolverá únicamente con la adquisición de deuda por parte del gobierno federal. Una deuda que pueda ser utilizada para otorgar apoyos económicos a la micro, pequeña y la mediana empresa (esa que tiene desde 1 hasta 250 empleados y que representa a más del 70% de la fuerza laboral en nuestro país). De esa forma, se podrán conservar la mayor cantidad de empleos, que se traduce en una no pérdida de ingresos por parte de los empleados, que a su vez podrán mantener finanzas personales y familiares relativamente sanas. De otra forma, sin ningún apoyo económico significativo, sin ingresos y con los gastos fijos prácticamente iguales, la mayoría de las más de 400 mil MIPymes en nuestro país difícilmente sobrevivirán más de 30 días.

Y volvemos entonces al tema de los apoyos y la deuda. Y es que la adquisición de deuda no es necesariamente mala. No lo es dentro de una empresa cuando se adquiere un crédito para comprar maquinaria o equipo productivo. La deuda es mala cuando no se utiliza para fines productivos. Y al hablar de deuda, naturalmente nos hacemos la pregunta sobre el costo que tendremos que pagar para solventar esa deuda en el futuro. En el tema país es un escenario similar. El tema de la calificación crediticia ha sido un tema de tensiones y choque de opiniones particularmente desde que inició el actual sexenio. Y esta semana resulta un tema importante de atender pues la calificadora Fitch bajó la calificación crediticia de nuestro país (de deuda soberana, o del soberano) a BBB- y dejándola a sólo un escalón del grado de inversión “especulativa” o en inglés comúnmente referida como instrumentos “basura” (junk bonds). El hecho de que México como país tenga una calificación crediticia a sólo una posición de que su deuda sea considerada como especulativa, no sucedía desde 2002 (cuando obtuvimos como país el grado de inversión).

El día de ayer, tan sólo un par de días después del comunicado de Fitch, la calificadora Moody´s recortó también la calificación crediticia de nuestro país, y aunque la calificación de esta agencia se ubica todavía lejos de un grado especulativo, sugiera que podríamos ver en próximos meses un recorte también de la calificadora Standard & Poors, siguiendo esta misma tendencia. El problema con esto es la fuga de capitales que naturalmente habría, y que para intentar compensar el incremento en los niveles de riesgo nuestro gobierno tendría que pagar más por la deuda emitida, que se traduce eventualmente en una deuda “más cara” para las finanzas públicas. Ojalá que entendamos como sociedad que la deuda es mala si se utiliza para fines no productivos, pero que es un excelente recurso si se aprovecha para fines productivos. Apostémosle más a la inversión productiva y menos al gasto social. El beneficio se verá no en el corto plazo, sino en el mediano pero definitivamente valdrá la pena.

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Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey.Tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame.
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