Eugenio Torres
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-A causa del confinamiento por la pandemia, Fernanda, de 13 años, empezó con crisis de ansiedad: le sudaban las manos, le latía aceleradamente el corazón y sentía que se iba a morir; Ximena, de 12 años, llegó a quedar catatónica: congelada de la angustia que le provocaba estar frente a la cámara durante las clases en línea.
Depresión, ansiedad, irritabilidad, desgano, pesadillas y problemas alimenticios, entre otros trastornos emocionales son las secuelas que ha dejado en niños y adolescentes el aislamiento en que han vivido durante año y medio por la pandemia de Covid-19.
Ante estas problemáticas, la terapeuta Mónica Esquinca, autora de “SOS ¡Mi hijo está en apuros!”, advierte que lo más importante es dar por buenas las emociones que están experimentando los niños, darles reconocimiento por las cosas que hacen bien y crear espacios familiares para que se expresen y se relajen.
“Y decirles: cómo te ayudo, vamos a resolverlo juntos”, indica.
Antes de la pandemia, la psicóloga Carolina Zárate atendía en su consulta a un 80 por ciento de adultos y el resto eran niños y adolescentes. Ahora la proporción es 50-50. A papás y maestros, recomienda “empatía, empatía y más empatía”.
“Entender que están cansados. Como me dicen algunos niños: ‘me están robando mi vida, me están robando mi tiempo de jugar, de convivir con amigos'”.