Moshé Leher

Hablo de memoria, pero casi estoy seguro que fue a finales de julio que el Blue Origin, el cohete de Jeff Bezos, realizó el mentado viaje a la estratósfera, poco después de que el cohete de Virgin Galactic hiciera el propio, un vuelo suborbital que va a ofertar para que los millonarios del mundo puedan, no ir a las estrellas, ni a la luna, qué va (hablar de viaje a las estrellas es un despropósito), sino poco más allá de la atmósfera terrestre, a precios que quitan el aliento.

No hace mucho leí que la compañía británica, Virgin, ya había vendido 700 reservas, al absurdo precio de 450 mil dólares (nueve millones de pesos), para sus vuelos que hará, a razón de tres veces por mes, a partir del año entrante, para aquellos que ya no se conforman en viajar a sus islas privadas en sus jets privados o recorrer la Costa Azul en sus yates.

Por cierto, hace unos meses estuve en Puerto Banús, en Marbella (llegué en autobús desde Málaga, mi jet privado estaba en servicio por falta de amortiguadores), donde los turistas babeaban y hacían fotos con sus teléfonos a yates de súper lujo, donde a veces se veía a los archimillonarios beber vaya a saber usted qué vinos, acompañados de jovencitas de revista.

Cuento esto porque alguien allí me contó, que entre los muchos barcos de muchos millones de dólares que van a parar allí (con jeques árabes, mafiosos rusos, dueños de empresas que cotizan en Wall Street), hace tiempo llegó uno que llamaba la atención, por lo lujoso y lo grande; no me consta, pero quien me lo contó me aseguró que era del archimillonario mexicano que, tan amigo del presidente como enemigo de pagar impuestos, hace días sonó como el posible comprador de Banamex.

Volviendo a Bezos y a su viaje, que duró once minutos, que es lo que yo me tardo en fumarme un cigarrillo, costó 5 mil 500 millones de dólares, es decir 550 millones de dólares por minuto; entre las muchas linduras que supimos de ese viaje, está la noticia de aquel viajero anónimo que pagó, en subasta, 28 millones de dólares por un boleto, al que luego renunció porque su agenda estaba complicada ese día como para tomarse once minutos para hacer el vuelo aquel.

Lo interesante de todo esto es que los hay, no pocos, que ven en la carrera que sostienen Bezos, Musk, el de Tesla, y Richard Branson de Virgin, por ofertar estos vuelos; por allí leí también que creo que Musk quiere colonizar Marte en el año 2050, o algo por el estilo.

Cuento esto tras leer el informe de Oxfam sobre la desigualdad, a propósito de la pandemia, pues resulta que mientras 99 de cada 100 humanos ha visto estancados, reducidos o eliminados sus ingresos, los diez hombres más millonarios del mundo duplicaron estos dos últimos años sus fortunas, en tanto que 17 millones de personas murieron por la pandemia, la mayor parte por no tener acceso a los servicios elementales de salud.

El informe es elocuente: 252 personas tienen más recursos que los pobres de América Latina, África y Asia juntos, lo que nos habla de una desigualdad nunca vista que se explica no porque estemos hablando de los 252 personajes más listos de la historia, sino de millones de bobos que les llenamos los bolsillos, hipnotizados en las pantallas de nuestros teléfonos, los mismos que usaban los turistas en Puerto Banús para fotografiar el yate de 120 metros de eslora o el Rolls Royce donde un vejete decrépito paseaba a una jovencita despampanante de 20 años.

Como coartada, eso de que para que la riqueza se reparta primero debe crearse, creo que ya no funciona, como tampoco funciona la especie de que tenemos una izquierda en ascenso (no hay peor cosa que un gobierno de derechas que se viste la piel de la oveja de izquierda, verbigracia nuestro señor de la ‘gripita’) y la deseada transparencia por medio de aparatitos que nos exprimen el seso y nos permiten hacer sociología de bolsillo.

Yo por lo pronto, y para empezar por algún lado, este año tampoco voy a comprarme un Tesla, ni un vuelo en Virgin, ni desayunaré en Sanborns, amén de que seguiré sin adquirir ni una caja de clips en Amazon; aunque quisiera: yo soy de esos 99% a los que se le extinguieron los ingresos, y tampoco me gusta la ropa de Zara.

Svet em toign vi a toitn bankes (Le servirá tanto como al muerto las ventosas, o las vacunas: un proverbio en yiddish).

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