Al celebrar la eucaristía para orar por los asesinados y por las familias destrozadas por la violencia, para que finalmente ésta se detenga en México, el Obispo Juan Espinoza Jiménez hizo un llamado a hospedar a Dios en el corazón humano por medio de la oración y acercarnos a las personas mediante el servicio.
Es correcto que la gente sea muy activa, que trabaje y haga muchas cosas, incluso el tiempo nunca alcanza, pues hay necesidad de comer, vestir, tener una casa, estudiar, prepararse, acudir a la iglesia; pero también es urgente entrar a momentos de silencio, entrar en oración, en meditación, para recuperar fuerzas, revitalizar el espíritu y alimentarse de la palabra efectiva de Dios.
El Prelado hizo un llamado a incluir la virtud de la hospitalidad en la sociedad y es deseable que se le practique en todos los hogares mexicanos, los cuales se encuentran impregnados de egoísmos y desconfianza.
“Ahora debemos ejercer la hospitalidad en una doble perspectiva, es decir hospedar a Dios en tu corazón a través de la oración, la meditación, así como de prestar servicio a tu hermano, a cada ser humano que se cruza en tu camino”.
Agregó que el escuchar la palabra y las enseñanzas divinas es la mejor parte que puede hacer un ser humano, pues sólo así se puede descubrir la parte esencial de la vida y de esta manera las acciones pueden alcanzar su sentido pleno. Y cuando esto se hace, la persona es acogida, alimentada y fortalecida, convirtiéndose en huésped de Dios mismo.
Es necesario comprender esta mutua hospitalidad, pero las numerosas actividades humanas suelen dificultar e impedir la escucha de Dios y alojarla en lo profundo en nuestra mente y corazón.
También se debe tener cuidado de no caer en espiritualismos extremos, donde se dejen a un lado las obligaciones diarias por una supuesta espiritualidad en Dios. El sano equilibrio es imprescindible, la genuina escucha de la palabra lleva a vivir la caridad a los demás, sobre todo a los necesitados, los pobres, los hambrientos y los migrantes. En ellos se atiende al mismo Cristo.