Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Los maestros siempre hemos anhelado trabajar con grupos pequeños para poder brindar mejores servicios educativos a los alumnos; argumentando que los grupos pequeños se prestan para atender a los educandos hasta en forma personalizada tanto en sus actividades como en sus aprendizajes. El modelo híbrido que se está aplicando en las escuelas básicas, desde el inicio del ciclo escolar 2021 – 2022, nos da esa oportunidad valiosa de atender grupos pequeños para mejorar los servicios.
Por la pandemia y para evitar contagios de COVID -19, los grupos de 35 alumnos se dividieron por la mitad; de tal manera que deberían ser 17 a 18 alumnos por grupo, pero en los hechos los grupos están funcionando con 12, l3, l4 y hasta con 15 alumnos. Salvo los grupos de primero que muchos están conformados con 22 y más alumnos, debido a que las autoridades locales ordenaron inscribir hasta 45 alumnos en los grupos de primero, a pesar de la disposición establecida (por las mismas autoridades) de inscribir 35 alumnos, como máximo, por grupo.
Sin embargo, la mayoría de los grupos son pequeños, como siempre aspiramos. Por lo tanto, debemos aprovechar esta oportunidad iniciando, de inmediato, con el análisis de los resultados del modesto diagnóstico que aplicamos en días anteriores; y que aun cuando no lo hicimos con la profundidad requerida, sí se pueden detectar los alumnos con rezagos o deficiencias en los aprendizajes por el prolongado estudio a distancia y por otros factores que limitaron los avances deseados. Podemos darnos cuenta en qué unidades, temas fundamentales y aprendizajes específicos, están las deficiencias de nuestros alumnos, y con base en esta información podemos preparar nuestras clases de regularización; sin perjuicio de que los alumnos avanzados puedan seguir adelante por su parte. Los grupos pequeños nos dan esa oportunidad de poder atender a los educandos en forma diferenciada, según lo requiera cada uno de ellos. También tenemos la oportunidad de preparar diversas actividades de aprendizaje, con materiales educativos motivantes y utilizando técnicas idóneas para grupos pequeños. Y una cosa esencial para elevar la calidad de la educación; en los grupos pequeños se facilita transitar de la memorización hacia el razonamiento lógico; pues aún somos muy afectos en desarrollar clases y hacer preguntas mediante conceptos o definiciones: “¿qué es un ensayo?, ¿qué es un cuento?, ¿qué es un valor?”… Estas preguntas, invariablemente, inducen a la memorización; y debemos estar conscientes que lo memorizado pronto se olvida; porque no hay aprendizaje permanente. Por lo tanto, la sugerencia es pasar al razonamiento y a la construcción del conocimiento por el propio alumno, que vienen siendo las estrategias que propician el aprendizaje perdurable. Esto es, en lugar de memorizar la definición de lo que es el ensayo, es aconsejable que los alumnos elaboren (construyan) un ensayo: cada alumno elige el tema; confecciona el ensayo en sus partes; el maestro tan sólo guía al educando de manera personalizada; revisa la redacción y la ortografía de cada trabajo. Cuando se termina, el alumno se da cuenta de las partes que integran el ensayo y por deducción y/o razonamiento sabe lo que es un ensayo. De la misma forma se puede abordar el cuento, redactándolo en sus partes y con los personajes que intervienen, desarrollando así en los educandos la imaginación, el razonamiento y la creatividad. Y en el caso de los valores, más que definirlos, se necesita ponerlos en práctica en las relaciones vivenciales que los estudiantes tienen con sus compañeros, maestros, amigos, familiares y otros, en los distintos espacios donde conviven. Estos son apenas algunos indicios de ejemplos; se pueden hacer muchas otras cosas para elevar la calidad de la educación con base en razonamientos, imaginación y creatividad. En grupos pequeños se facilita realizar este tipo de ejercicios.