Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Las autoridades de la Secretaría de Educación Pública han perdido valiosa oportunidad para dar a conocer un nuevo modelo de educación que diera realce y renovado impulso al proceso educativo del país. Estos días previos, de regreso a las clases presenciales, era la oportunidad para presentar el documento rector que diera una nueva dirección a los servicios escolares con miras de alcanzar la excelencia en materia educativa. Si durante los catorce meses de confinamiento, por la pandemia, se hubiera aprovechado el tiempo para formular el documento de referencia (pues confinamiento no significa no hacer nada), hoy estaríamos conociendo y analizando el modelo para su puesta en marcha ahora que regresemos a las clases presenciales. No se nos olvida que, al inicio del presente Gobierno Federal se anuló el modelo educativo anterior, pero sin ser sustituido por otro; por lo que estamos laborando, en el campo educativo, sin rumbo definido, enseñando por enseñar y abusando del memorismo.

En días pasados, a los maestros se nos indicó analizar, digitalmente, la “Estrategia Nacional para el Regreso Seguro a Clases Presenciales en las Escuelas de Educación Básica” y que en este documento encontraríamos, se nos dijo, un apartado de recomendaciones académicas para la transformación y mejoraría de la educación básica en la post pandemia. Lo leímos con gran interés. El folleto en cuestión está dividido en tres apartados: Etapa1, medidas previas; realizar un sondeo de opinión para el regreso a las escuelas y vacunación a maestros. Etapa 2, organización y coordinación entre los tres niveles de Gobierno para el regreso a clases presenciales; diseño del programa local y organización en cada escuela para el regreso a las aulas. Y en la Etapa 3, están las siguientes recomendaciones académicas: Los maestros “buscarán nuevas estrategias de aprendizaje y de innovación pedagógica; recuperarán los aprendizajes no logrados por los alumnos; evitarán el abandono escolar y aplicarán mecanismo de retención; intercambiarán experiencias entre el personal docente; harán corresponsables a los padres de familia sobre el aprendizaje de sus hijos; y harán participar a los alumnos en sus estudios”.

No se necesitaba una genialidad para hacer este folleto; no se necesitaba ser un prodigio para, tan sólo, hacer responsables a los maestros de los sondeos de opinión, de la organización y la puesta en marcha de las medidas para el regreso a las clases presenciales; y en lo académico, los maestros ya sabemos que, permanentemente, debemos buscar nuevas estrategias del proceso enseñanza-aprendizaje y que también debemos regularizar a los alumnos rezagados por los efectos de pandemia. Lo que los maestros esperábamos, de nuestras autoridades, eran nuevas ideas, nuevos lineamientos, novedades pedagógicas, estrategias didácticas y materiales educativos innovadores; esto es, un documento rector que evitara llegar a los mismos resultados mediocres de siempre. La pandemia dejó al descubierto grandes retos en educación; estos retos y más los que históricamente venimos arrastrando ameritaban un soporte fortalecido y más detallado de la filosofía educativa de México y una transformación profunda de los planes y programas de estudio, con una pedagogía y didáctica que superen el memorismo ancestral y que, por fin, nos condujera al pensamiento lógico y científico, al razonamiento, a la argumentación en los debates, a la toma de decisiones consistentes y a la construcción de conocimientos mediante la aplicación de éstos en el terreno de los hechos. Atender las emociones para la auto regulación de las personas, ciertamente, es fundamental; sin embargo, ésta atención es una condición para lograr los aprendizajes que nos han de conducir a conocimientos sólidos y hacia un horizonte más promisorio. Entre otras cosas, esto esperábamos; pero también entendemos que si no hay interés del que decide y manda en el Gobierno, difícilmente la Secretaría de Educación podrá hacer lo que más convenga al país. ¡Qué frustración!