Cristina Hernández
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Ana María tenía 34 años, dos hijos, dos hermanos, cuatro sobrinas pequeñas. Su fuente de ingresos era la vendimia: chamarras, pulseras, salsas, cualquier cosa la vendía.
Ahora a su familia sólo le queda el recuerdo y la exigencia de justicia por un feminicidio no resuelto.
Los restos de la mujer fueron encontrados en febrero pasado, días después de que su familia la reportara como desaparecida.
Peritajes de la Fiscalía de Tlaxcala –entidad donde hallaron el cuerpo– señalan que Ana María fue arrollada en repetidas ocasiones con su propio automóvil.
La última vez que la vieron con vida fue con Yair, con quien sostenía una relación sentimental.
Sus conocidos declararon ante el Ministerio Público que su relación era difícil, pues continuamente la celaba y revisaba su celular.
El hombre también fue reportado entonces como desaparecido, sin embargo, la familia de Ana María lo ha visto en varias ocasiones, conduciendo afuera de su domicilio, vigilándolos camino al Ministerio Público.
Las investigaciones han estado paradas durante 10 meses, por falta de coordinación entre los agentes del Ministerio Público de Texcoco, municipio en el que residía la víctima y donde se reportó su desaparición, y Tlaxcala, donde su cuerpo y su vehículo fueron localizados.
Su caso es uno de los 272 feminicidios cometidos en el Estado de México en los primeros 10 meses de este año.
En la entidad hay 11 municipios que tienen Alerta de Género para erradicar la violencia feminicida. Texcoco no está entre ellos.