Por: Itzel Vargas Rodríguez

Sobre una mesa de madera yacen un par de cebollas de buen tamaño, y justo detrás del mueble, un hombre de mediana edad, con unas cuantas arrugas surcadas en la frente, vistiendo harapos viejos, quizá desgastados por el trabajo o el tiempo, usando un sombrero negro, sin copa, también deshilachado. Tal vez sea un vagabundo, tal vez sea un comerciante, un hombre representado con una serie de colores oscuros que remontan el estilo de pintura de la época del naturalismo en el siglo XVII, ¿qué lo hace peculiar? Que tiene una brillante y redonda lágrima en el ojo, producto de pelar una cebolla que mantiene en sus manos. El título de la pintura que contempla esta escena es “El Olfato”, del pintor español José Ribera.

Presta la ocasión mencionar esta obra de arte que resulta al final un poco cómica, porque así como el olfato interviene al momento de pelar cebollas en que uno termine hecho lágrimas o no, también es un sentido humano que ayuda a advertir qué olores acontecen alrededor, y alegóricamente, este mismo nos puede ayudar a dimensionar qué parte de la estructura social mexicana, literal y metafóricamente hablando, se está “pudriendo”, cuáles son aquellos sectores que nos están provocando gotear lágrimas, miedo o la misma sangre.

Para muestra, la serie de acontecimientos que han ocurrido en nuestro país en las últimas dos semanas que van desde marchas estudiantiles, asesinatos de estudiantes, inseguridad en las calles… y que a más de uno seguramente nos han hecho indignar, enojar y hasta aterrorizar. El tema más fuerte: lo ocurrido en Ayotzinapa, Guerrero, donde seriamente se trastocaron los derechos humanos de jóvenes y al final, salió embarradísimo el alcalde de Iguala, quien terminó siendo toda una “fichita”, relacionado al narco, a varias muertes anteriores y ahora también es prófugo.

Este señor, precisamente, es la muestra fehaciente de que ya no hablamos de una clase política corrupta, ya no hablamos de violencia en las calles debidas al narcotráfico, ya no hablamos de asesinatos aislados… no, desgraciadamente ahora estamos hablando de formas nuevas de males sociales en nuestro país: hablamos de una clase política enormemente corrompida y hasta vinculada al crimen organizado, que deja impune la mayoría de los delitos y no mira por el bienestar integral y los derechos humanos de las personas; hablamos de formas nuevas de violencia proveniente desde las mismas instituciones públicas; hablamos de asesinatos colectivos, a sangre fría, con muestras de salvajismo y toda alevosía por causar dolor.

Mucha de la responsabilidad de las problemáticas sociales radica en quienes encabezan el poder a pequeña y gran escala en este país. Tal pareciera que a aquellos personajes políticos, los partidos los apuntalan por todas las razones que se nos pudieran ocurrir, menos por la capacidad para desempeñarse en el puesto o por tener el conocimiento para ello.

Es preocupante saber que en el contexto en el que vivimos actualmente, esté abierto ya el proceso electoral 2014-2015 en el que se disputarán 2159 cargos públicos en toda la federación. ¿Quiénes serán ahora los que protagonicen la escena? Podríamos preguntarle esto a la señora que vende gorditas, a un señor taxista, un abogado, un médico, un anciano, un estudiante de licenciatura o un recién egresado y probablemente todos respondan igual: “será más de lo mismo”. Pareciera que lejos estamos de tener una burocracia efectiva como la que hay en Corea, en donde todos y cada uno son elegidos por méritos de capacidad.

El momento que vivimos en México exige y grita cambios porque este instante es uno coyuntural. Y no en la forma coyuntural en la que los huesos se unen, sino más bien uno en el que se necesita hacer cambios en las formas tradicionales y viciadas (como lo han ido conformando por tantos años lo peor de la clase política) para dar paso a un cambio real, pues de lo contrario las cosas probablemente estallarán en algo mucho peor, y de feas cosas ya tenemos suficiente (como por ejemplo lo comprueba también un estudio de la OCDE en donde reprueba al país en calidad de vida, medido por faltantes ingresos económicos por habitante y la escaseada seguridad… que, aunque honestamente el estudio no descubre el hilo negro, siempre es duro reconocer en este contexto a semejante verdad).

El olfato nos avisa que algo anda mal, y el momento coyuntural lo exige, ya es hora de un cambio multilateral. Tenemos mucho desorden, ¿por dónde habremos de empezar? Y ¿en dónde colabora la ciudadanía?

Paréntesis aparte: Tétrico parece mencionar que ya se acerca la festividad del día de muertos, porque el mismo entorno social está siendo ya un festín para la flaca, pero un infierno para los mexicanos.