En tanto las autoridades se hacen de la vista gorda, la Plaza de la Patria, particularmente el área de la Plaza de la Constitución y los patios circundantes, el de Jesús F. Contreras y de las Jacarandas, se ha convertido en refugio de indigentes, centro social y baño público.

La plaza se ha convertido en tendedero, la vigilancia es prácticamente nula y las autoridades, lejos de poner orden, son omisas.

El olor a orines es penetrante e insoportable; quienes transitan por ahí lo han constatado y la situación no es una eventualidad, sino permanente.

En los picos de la pandemia, el Ayuntamiento hizo lucir brigadas de limpieza que con agua y jabón fregó los espacios públicos y para la foto puso énfasis en el primer cuadro de la ciudad, pero esa higiene terminó, así que turistas, habitantes y comerciantes tienen que aguantar el hedor.

Para rematar, los comercios del área, además de lidiar con olores nauseabundos, deben hacerlo con la inseguridad, pues muchos han sido víctimas de la delincuencia, y eso que están en el centro, donde hay «ojos» por doquier y constantes recorridos, imagínense lo que sucede en la periferia de la ciudad.