Por J. Jesús López García

Las novedades de gran impacto en nuestra vida cotidiana, se han vuelto ya una costumbre, de tal manera que a pesar de sus diferentes modos de atraer la atención, culminan por convertirse en situaciones o elementos, que al adaptarse a la realidad, la realidad misma las va organizando en un sistema en donde hasta lo más reciente y único, obtiene la familiaridad suficiente para incorporarse a las demás circunstancias y objetos ordinarios.

Nos es común que vengan a la memoria aquellos momentos de nuestra existencia algo que nos atrajo a tal grado que nos avivó una sensación de agradable extrañeza, para luego al retornar al sitio, al evocar los sonidos del fenómeno, al analizar a detalle la cosa, o al considerar con más confianza a una persona, lo agadable perdura, sin embargo, el efecto va desapareciendo para dejar paso a lo frecuente y a lo habitual.Es probable que el dinamismo que a múltiples gentes provoca el vivir en este mundo actual, proceda de esa ficticia necesidad de conseguir la novedad y también lo sensacional y en cuanto percibimos, escuchamos, experimentamos o vivimos, pues todo se publicita como lo “último de lo último”, para luego terminar en un punto de manera casi inmediata. Y en el momento que volvemos la mirada hacia atrás, percibimos que aquello que nos parece novedoso no lo era tanto, lo excepcional no era tan excepcional, y lo espectacular solamente era apariencia pasajera.

Es cada vez más extraño que nos permitimos reflexionar, volviendo a las cosas elementales que ya tenemos experimentadas, lo que nos es conocido, a las situaciones que damos por ya hechas, y que sin embargo, recurrimos a ellas en busca de una protección familiar y segura. Es como cuando después de haber asistido a una exquisita comida, terminamos por optar por un sano y simple consomé de pollo para aligerar tanto peso y exceso. Es el Aurea mediocritas, de la filosofía de Aristóteles, que en el término medio está la virtud, y no tanto en la mediocridad dorada, que en la actualidad de excesos es lo más parecido a un pecado, sino en una justa medianía que no establece su valor en la desproprorción, sino en un equilibrio y en la práctica constante de las virtudes. Por ello, podemos establecer que de allí proviene una simple lección de respeto a lo que es justo a través del ejercicio equitativo también, de la arquitectura.

Como todo en esta disciplina de diseñar, imaginar, planear y edificar edificios, de lo que se trata de llevar a cabo no es obtener la perfección al momento de elaborar un proyecto, sino más bien en legar un modo de percibir el mundo. Tal vez eso es lo que realmente hace extraordinaria a una “buena” arquitectura, y esa perspectiva puede ser tan intensa o moderada con base en lo que el edificio pueda soportar en su concepción original.

En la finca de las oficinas del Obispado de la Diócesis de Aguascalientes, atisbamos esa disertación de construcción y equilibrio en su sobria integración urbana, con la alineación al paramento y en su forma edificada a través de muros de carga con una dinámica vertical en sus vanos, todos ellos encuadrados y adintelados; altos pretiles y un esquema con un zaguán y un espacio que funge como patio, y que corresponde a múltiples casonas contemporáneas suyas. La finca nos ofrece un sinfín enseñanzas sobre orientación solar, disposiciones funcionales y formas de captación y disposición de agua, lo que trajo consigo una preceptiva que fue afianzando eseAurea mediocritas en donde los edificios distinguidos, como los templos, fracturaban una imagen homogénea para fijar una jerarquía arquitectónica, fijando un punto en el espacio construido, manteniéndose el resto en esa justa mediania para establecer un contexto.

La finca del Obispado de Aguascalientes se ubica en la parte posterior de la catedral, con un aire sobrio y elegante, respetuoso de su posición jerárquica, sin embargo, deferente de su contexto y de sus limítrofes obras, con las que comparte un léxico constructivo e imagen en una justa medianía que a pesar del paso de los años, continúa entronizandose como una magnífica lección arquitectónica.