Luis Muñoz Fernández

Un informe muy reciente elaborado por varias agencias que dependen de la Organización de las Naciones Unidas titulado “El estado de la inseguridad alimentaria [eufemismo de hambre] en el mundo 2021”, nos revela un panorama desolador conforme parecemos dirigirnos, no sin altibajos, al control de la pandemia. A la vergonzosa lista previa, se suman ahora por lo menos otros 118 millones de hambrientos. Eso significa que son ya 811 millones los que no saben hoy si tendrán algo que llevarse a la boca. Más de la mitad vive en Asia, más de un tercio en África y unos 60 millones en América Latina y el Caribe. Si se incluye a aquellos que no tuvieron acceso a una alimentación adecuada, el número aumenta a 2 mil 300 millones, es decir, uno de cada tres seres humanos.

La información, publicada en la sección “Planeta futuro” del periódico “El País”, incluye declaraciones de Máximo Torero Cullen, economista en jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO):

“El COVID ha provocado un fuerte giro que no esperábamos en la población de Latinoamérica”, explica el economista. “Ha sido por la duración de los encierros y por su relación con la informalidad laboral, que en promedio es del 54% y en algunos países hasta del 70%. Parte de esa clase media perdió todo de la noche a la mañana. Y se sumaron por primera vez a la estadística del hambre. Ya no son sólo pobres”. Para el continente africano, vaticina, todo lo peor está aún por llegar: “Si África no resuelve su problema de vacunación, el 2022 será terrible”.

Agnes Kalibata, enviada de la ONU y presidenta de la Alianza para una Revolución Verde en África, señala lo siguiente: “La pandemia es sólo en parte culpable. Unas cifras de hambre a esta escala no son un síntoma del COVID-19, son un síntoma de un sistema alimentario disfuncional que cede bajo presión y abandona primero a los más vulnerables”.

Como dice el filósofo alemán Markus Gabriel en su libro más reciente: “La pandemia del coronavirus ha dejado al descubierto las profundas deficiencias de nuestros sistemas de salud y ha puesto asimismo de relieve las deficiencias morales en nuestra forma de pensar los unos sobre los otros… La humanidad, con su interconexión global, está trabajando en este momento en su propio exterminio”.

Precisemos: si es por hambre, se trata de un exterminio selectivo.

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