Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En la colaboración anterior, se comentaba sobre el daño que origina, entre los alumnos, el hecho de que no se asignen, oportunamente, los maestros o que los contratos sean tan irregulares en varias escuelas secundarias; pues tan sólo con la falta de dos o tres maestros, por meses, se provoca la desorganización escolar y, lo más grave, cientos o miles de alumnos, sumándolos, no son atendidos en sus estudios.

Ahora bien, si el anterior fenómeno ocasiona problemas en los aprendizajes de los alumnos, lo que a continuación se describirá también afecta, en los aprendizajes, a casi todas las escuelas secundarias. En los últimos lustros, las administraciones se han encargado de pulverizar las horas de las plazas vacantes; estos es, si un maestro se jubila o se retira del servicio dejando 40 horas: una plaza de 25 horas y otra de l5, por ejemplo, los funcionarios se han dado a la tarea de convertir estas horas en 20 plazas de dos horas cada una y hasta de una hora o, en el mejor de los casos, en 8 plazas de 5 horas. ¿Con qué propósitos? Al parecer para favorecer a más docentes en su ingreso al servicio (aunque con muy pocas horas) o para incrementar horas a los que ya están laborando. Varios problemas ocasiona esta atomización de horas; por una parte, a la escuela propietaria de las 40 horas, si acaso le regresan diez o quince horas con dos o tres maestros nuevos, y el resto de las horas, si bien le va a la escuela, lo cubren con maestros contratados (con todas las irregularidades que esto implica) y si no, se queda la escuela sin maestros todo el año. Ésta ha sido la constante en cientos de casos o movimientos que se dan cada año en las secundarias. Por otra parte, el hecho de manejar horas fragmentadas y asignar pocas de ellas a los docentes, ha dado margen a que en las escuelas secundarias abunden docentes con tres, cuatro o cinco horas, y como no es posible sostener una familia con esta cantidad de horas laborales, los maestros buscan desesperadamente formas para que les asignen más horas aunque sea en otras escuelas. De esta manera, hay maestras y maestros que laboran en tres o cuatro escuelas, sumando doce, quince o dieciocho horas en conjunto. Trabajar en tres o más escuelas, es un verdadero problema para que los docentes tengan horarios de trabajo compatibles; por lo que, generalmente, salen antes del horario establecido en una escuela y llegan tarde en las otras; pero, además, trabajar en tres o más escuelas implica llegar a una de ellas, rápidamente desahogar las clases y de inmediato irse corriendo a las otras, y esto es todos los días. Al laborar bajo esta forma, los docentes (de pocas horas) no sienten identidad ni compromiso con ninguna escuela, tampoco con los alumnos; por las prisas, no tienen convivencia ni con los otros docentes ni con los estudiantes; tampoco realizan labores sociales ni higiénicas ni de ninguna otra naturaleza en las escuelas. Su labor deja mucho que desear, los alumnos son los más perjudicados, aunque no toda la culpa es de estos maestros.

Normalizar los contratos para evitar anomalías, cubrir faltantes de los docentes y ubicar a los maestros en una sola escuela secundaria con todas sus horas, no es tarea fácil, pero tampoco es imposible. Las primeras administraciones, al descentralizarse la educación en Aguascalientes, lograron tener en las secundarias una mayoría de maestros de tiempo completo y de medio tiempo; de esta manera, la educación que se otorgaba era de mejor calidad; los docentes se identificaban con “su escuela” y con “sus alumnos”. Estos son los retos a superar si se quiere, realmente, mejorar la educación secundaria.