Viridiana Martínez
Agencia Reforma

Las pruebas periciales en las que un menor acusó a su padre de abusar sexualmente de él y de violentarlo física y psicológicamente no fueron suficientes para que una jueza de Cuernavaca impidiera que fuera entregado a su presunto agresor.
Actualmente, suma dos años y medio bajo la custodia del progenitor, quien es investigador del Instituto de Geología de la UNAM y originario de la India, pese a las carpetas de investigación abiertas en la Ciudad de México en su contra por abuso sexual agravado y violencia familiar, contó la madre del menor, Grea Moreno.
A lo largo de siete años, ella ha ido y venido entre juzgados y fiscalías de Cuernavaca y de la Ciudad para denunciar las presuntas agresiones del hombre.
En agosto de 2015, cuando la pareja ya se había divorciado, el menor, entonces de 5 años, fue diagnosticado con un shock postraumático tras acudir a una visita con su padre en la CDMX. Al llegar a la casa de Grea, en Morelos, el niño hiperextendía los brazos, además de que lloraba y reía al mismo tiempo.
Durante una valoración psiquiátrica, el infante describió el abuso sexual del que habría sido víctima. Su madre presentó una denuncia y la investigación fue remitida por las autoridades de Morelos a las de la Capital, por ser el lugar en el que ocurrieron los hechos.
La entonces Procuraduría General de Justicia (PGJ) realizó otros peritajes y determinó que había presencia de sintomatología de violencia sexual y física. El progenitor se presentó para pedir que se le evaluara y se determinara si era un agresor sexual. El resultado fue negativo, por lo que la carpeta fue archivada en espera de que se presentaran más pruebas.
En Morelos, las autoridades exigían que las visitas del padre continuaran. Se llevaron a cabo algunas bajo supervisión, pero el hijo de la pareja manifestaba que no quería acudir, narró Grea.
El presunto agresor denunció ante un juzgado que no le era permitido ver a su hijo. Fue entonces cuando la jueza octavo de lo familiar de Cuernavaca, Sandra Gaeta Miranda, le otorgó a él la guarda y custodia provisional, sin tomar en cuenta la carpeta de investigación de la Ciudad de México.
Grea se negó a entregar a su hijo por temor del impacto que pudiera tener en su bienestar emocional, pero en 2020 un operativo policial fue desplegado para recoger al menor quien, desde entonces, se encuentra incomunicado y sin redes de apoyo.
Lo último que supo su madre de él es que tenía un moretón en un ojo, de acuerdo con una foto que le fue enviada por personas que lo conocen.
Las autoridades tampoco le permiten a ella visitarlo, pues argumentan que en una charla virtual el menor aseguró ya no querer verla. Ella acusó que la declaración fue realizada bajo presión del académico de la UNAM.
«A más de dos años, no he podido abrazar a mi hijo, no he podido verlo, no he podido besarlo, su cumpleaños fue el 5 de junio, ni siquiera pude hacerle una llamada, no he podido escuchar su voz, no sé cómo está de salud.
«No tengo ni la más remota idea de cómo va en su escuela, no me permiten ningún tipo de acercamiento, me parece bastante horrorosa esta situación. Mi caso no es el único, estamos 20 mujeres en la misma situación en Morelos, en que no les permiten ver a sus hijos, ni a lactantes», señaló.
El presunto agresor también se ha negado a que su hijo sea valorado para saber en qué condiciones se encuentra.
La más reciente traba enfrentada por Grea fue la negativa de una jueza penal del Poder Judicial de la CDMX para girar una orden de aprehensión en contra del hombre. La magistrada argumentó la falta de evidencia documental, a pesar de que la agresión está acreditada.
Estas omisiones y negligencias de las fiscalías y los jueces responden a la misoginia que impera, aseguró Grea.