Al celebrar la fiesta de Pentecostés, 50 días después de la Pascua de Resurrección, el Obispo Juan Espinoza Jiménez hizo un llamado a la unidad a Aguascalientes, lo cual debe empezar desde la familia, es tiempo para dejar a un lado a la división, porque esto sólo provoca destrucción, y quien logra unirse, se construye.

Agregó que “una sociedad dividida va hacia el traste. Una sociedad unida logra mucho en pos del bien común. De ahí la insistencia para que el estado de Aguascalientes se unifique para el desarrollo de todos”.

Congregado en el recinto catedralicio, el Prelado expresó que la fiesta de Pentecostés es la gran celebración de la Iglesia por la venida del Espíritu Santo, es el tiempo de la divinización del hombre, es el Don de Dones, es recordar a los discípulos junto con la Virgen María, quienes escucharon las enseñanzas de unidad y fraternidad, perseverar en la oración y en la acción del pan.

Hoy en día, se requiere también escuchar la palabra, vivir en unidad, perseverar en la oración, acompañados por la Virgen María es tiempo de recibir de modo personal nuestro pentecostés.

Luego, enumeró siete acciones de la vida del Espíritu de Dios en el hombre. La primera es la santificación; la segunda es la sanación de la enfermedad física, la del corazón, de las ataduras y de los vicios mentales y emocionales. La tercera se refiere a la unificación, crear comunión y fraternidad en esos entornos donde se mueve el orgullo, la rivalidad, la confusión, el egoísmo, superar las divisiones que se tienen hacia los seres humanos y seres queridos.

La cuarta acción del Espíritu Santo es iluminar nuestra vida, nuestras relaciones interpersonales y con el mundo. La quinta tarea es ser consolador y fortalecer a las personas para que superen sus miedos, la debilidad. La sexta se relaciona con que es el abogado, el intercesor, el que nos defiende y nos consuela. La séptima implica que es el Señor y dador de vida por la fuerza del amor.

Ante ello, el Prelado invitó a los fieles católicos a pedir a Dios que nos conceda estos dones del espíritu santo, dándole gracias porque nos ayuda a santificarnos, sanarnos, unificador, iluminador, consolador, intercesor, señor y dador de vida.

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