
Con regalos y ruidos de otras fiestas que engañan y confunden, se ha tratado de sustituir la celebración de la Navidad en su verdadero sentido de amor y esperanza, señaló el obispo de la Diócesis, Juan Espinoza Jiménez, al encabezar la misa por el nacimiento del Niño Dios en la Catedral Basílica.
Celebrar la Navidad, explicó, significa creer en el Reino de Dios, un reino de paz, justicia, hermandad, santidad y amor, simbolizado por la llegada de un niño que, aunque incapaz de hablar, es la palabra por excelencia, el Verbo eterno, afirmó durante la homilía.
Espinoza Jiménez celebró que se conserve la tradición de poner nacimientos en los hogares, especialmente donde hay niños, al destacar el mensaje de humildad y los valores universales cristianos que representan.
Asimismo, recordó el significado de la piñata de siete picos, que simbolizan los pecados capitales. Su atractivo inicial, que engaña a todos, es superado cuando se rompe, momento en que derrama gracia y dulces, representando la victoria sobre el pecado.
El obispo expresó su confianza en que todos podamos creer en esta verdad: Jesús ha venido, sigue viniendo y está con nosotros como luz que ilumina nuestra existencia. Subrayó que es necesario aceptarlo para que ilumine nuestras oscuridades y nos guíe por el camino de la verdad; de lo contrario, seguiremos en el error, la desviación y el pecado.
Mencionó que este 24 de diciembre, el Papa Francisco dio inicio al Año Jubilar de la Encarnación, destacando que, al abrir la Puerta Santa, se celebra la gracia y la misericordia. En este contexto, el Papa recordó que Jesús llena de alegría, transforma vidas, no defrauda y representa la esperanza encarnada como uno de nosotros.
Finalmente, el obispo resaltó que la llegada del Niño Dios es el camino, la verdad y la vida, que permite construir un mundo de misericordia y caridad. Este mensaje, afirmó, nos da la oportunidad de sanar las heridas causadas por el encono, la violencia, el hedonismo, la venganza y las luchas fratricidas.











