Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Hacer o no hacer. No lo intentes

En la película “El Ladrón de Orquídeas” (Jonze, E.U., 2002), el escritor Robert McKee (Brian Cox) le dice al bloqueado guionista Charlie Kaufman (Nicolas Cage) que no importa si su texto no es tan grandioso, basta con que “los sorprenda al final”. Esta línea sintetiza casi todo el proceso creativo del Hollywood del Siglo XX y en particular varios proyectos de la Disney sobre el universo de “La Guerra de las Galaxias”, los cuales se cocinan con un final espectacular en mente que pueden o no verse apoyados por un desarrollo consistente. En el caso de “Obi-Wan Kenobi” -su serie más reciente en la línea de proyectos que pretenden arrojar luz a los eventos jamás contados entre las cintas que conforman la saga originalmente planeada por su creador George Lucas- esto se aplica al pie de la letra, pues arranca de forma clara, e incluso interesante, y concluye de manera espectacular, pero su falta de concreción dramática en el lapso de los otros cuatro episodios que conforman la miniserie es descorazonadora, ya que la dirección de Deborah Chow (“Better Call Saul”, “Dioses Americanos”, “El Mandaloriano”), quien se encarga de asa labor en conjunto, es por demás débil, ya que carece del rigor necesario para unificar todos los elementos que aborda esta prolongada historia y los libretos cometen el gran pecado de descuidar al personaje principal para tratar de virar la atención del espectador a otros entes secundarios que no adquieren la potencia necesaria para resultar siquiera atractivos, salvo un par de excepciones que ya mencionaré más adelante.
La premisa de un hombre en punto del quiebre emocional y existencial como lo es Kenobi (Ewan McGregor) es material sólido para trabajar en sus aristas dramáticas, pues después de su fracaso en el “Episodio III: La Venganza de los Sith” (Lucas, E.U, 2005) al no lograr recuperar la lealtad ni estima de su mejor amigo y aprendiz de Jedi Anakin Skywalker (Hayden Christensen), que vio cómo a éste lo consumen las literales llamas del magma en un planeta volcánico y las retóricas que refieren al odio que lo consumen y que lo hicieron entregarse al lado oscuro de la Fuerza para transformarse en el temido Darth Vader, da para varios puntos de exploración. Y así pudo ser si no fuera porque la trama decanta en una inútil serie de correrías donde Kenobi, autoexiliado en el desértico planeta Tattooine para vigilar al entonces infante Luke Skywalker, es convocado por el senador Bail Organa (Jimmy Smits) para que rescate a su hija adoptiva, la princesa Leia (Vivien Blair) de tan sólo 10 años, quien fue raptada por Los Inquisidores, falange del Imperio cuyo propósito es localizar a los Jedis restantes en el universo y cuya integrante, la Tercera Hermana (Moses Ingram), arremete con particular desdén y fuerza contra ellos fraguando un plan secreto en contra de Kenobi que requiere de Leia como cebo. La aventura requiere que Obi-Wan desempolve sus habilidades como guerrero Jedi a la vez que implica alianzas con otros rebeldes, incluyendo a Tala Durith (Indira Varma), integrante de las fuerzas imperiales pero aliada con los Rebeldes por motivos personales, el estafador Haja (Kumail Nanjiani) que se hace pasar por Jedi para ganarse la confianza de la gente para posteriormente timarlos y el líder Roken (O’Shea Jackson), quien busca salvaguardar la facción rebelde. La trama se espesa cuando el mismo Vader (Christiensen) toma cartas en el asunto y busca por todos los medios confrontar a su antiguo maestro.
“Obi-Wan Kenobi” es un proyecto con muchas posibilidades dramáticas, las cuales sólo se cumplen en momentos muy específicos y escasos, como el intenso duelo entre Kenoby y Vader en un planeta desolado y rocoso, donde además los diálogos son todo lo conciso y emotivo que debieron ser durante todos los episodios y algunas escenas con la diminuta princesa, ya sea en un convoy flotante donde él encuentra aquellas cualidades de su verdadera madre, la Reina Amidala (Natalie Portman), en los inocentes gestos de la niña o su escena final, bien ejecutada y muy conmovedora. El resto sólo se percibe como lastre argumental que falla como aporte a esta cadena de situaciones al no cuajar su importancia por unos guiones algo perezosos en su exploración dramática y actuaciones no muy logradas, exceptuando a Indira Varma, cuyo personaje antagónico posee un trasfondo rico y su labor histriónica es adecuada. Ewan McGregor mantiene todo a flote gracias a su gran desempeño al igual -y esto sí es una grata sorpresa- de Hayden Christensen, quien depura su actuar y logra una buena interpretación. “Obi-Wan Kenobi” se sumará al cada vez más abultado cúmulo de historias sobre éste universo que enojará varios fans ante su falta de rigor en cuanto a continuidad y las fallas ya mencionadas, pero concluye correctamente el arco narrativo del protagonista y creo que ahora sí ya estamos listos para historias que logren divorciar su trama de los Skywalker o personajes aledaños y conocer más de esta galaxia muy, muy lejana.

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