sapiensDavid Reynoso Rivera Río

Me sorprende la ingenuidad de periodistas, personajes públicos y alguno que otro miembro de la sociedad, al manifestar su interés por la renuncia de nuestro Presidente. Es por eso que me gustaría comenzar estas líneas explicando que el Estado no está constituido únicamente por el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, sino por un conjunto de órganos que toman su fuerza en virtud de nuestra actividad como ciudadanos.

Dando un breve resumen de lo acontecido, es importante mencionar que el Presidente NO mandó secuestrar a nadie, el alcalde de Iguala tomó la decisión de huir y el gobernador de Guerrero solicitó una licencia luego de que el Partido Acción Nacional (por cierto, no debemos olvidar que en la elección de gobernador, tanto el PAN como su candidato, con anterioridad declinaron a favor del perredista Ángel Aguirre) presentara, como ya lo señalé a través de este espacio anteriormente, una deficiente e infundada propuesta para desaparecer los poderes en el estado de Guerrero.

A fin de evitar malas interpretaciones, hago énfasis en que al igual que muchos mexicanos, me encuentro indignado y no le deseo a nadie vivir alguna situación similar. Si bien 43 desparecidos es un número alarmante, me preocupa mucho más el hecho de que escudándonos en ello, los ciudadanos no seamos capaces de comprender que la principal renuncia que debemos exigir es la propia. Por renuncia propia me refiero a que nosotros como mexicanos debemos renunciar al conformismo, a la apatía política, a la no participación, a la irresponsabilidad y a las pequeñas actitudes negativas que van marcando nuestro actuar.

Mucho se ha escuchado sobre una declaración mal interpretada en la cual nuestro procurador de la República manifiesta una especie de cansancio; sin embargo, para efectos del presente, a mí sí me gustaría compartir con ustedes mi opinión dado que SÍ debe existir un cansancio, pero colectivo, por lo que debemos estar cansados de nuestras actitudes tan poco cívicas. No podemos jactarnos de ser un gran ejemplo por el simple hecho de redactar comentarios dentro de las redes sociales, sin sustento alguno. Insisto, deberíamos estar cansados de no conocer a nuestros legisladores, de no exigirles rendición de cuentas y comparecencias en sus respectivos distritos; de no conocer a los servidores públicos de las principales áreas municipales y estatales; de buscar la manera de evadir impuestos; de meternos en la fila por no querer esperar; de no cruzar la calle por la línea peatonal; de no respetar los semáforos; de no participar en las elecciones y de no darnos la oportunidad de leer los documentos básicos de los partidos políticos, entre muchas otras cosas.

Una vez realizado el anterior ejercicio de humildad, creo que es posible afirmar que solo volteándonos a ver a nosotros mismos es como podemos cambiar antes de blasfemar y buscar aventar culpas sin sentido alguno. El discurso «rebelde» y agresivo que un par de grupos han tomado como estandarte, se ha convertido en un virus de desinformación tan grave que se ve viciado, dado que no permite ejercer un correcto análisis de la información, por lo que en gran parte de las ocasiones los grupos manifestantes logran inducir únicamente mensajes de odio infundado.

El absurdo más grande como sociedad, se puede observar tan solo al abrir nuestras redes sociales, ya que será posible observar seis palabras denigrantes que por respeto a ustedes no me permitiré citar, que diariamente obtienen más de 15,000 publicaciones por palabra en promedio de # hashtags según las estadísticas presentadas por la CONAPRED. Como jóvenes que somos, considero que en gran medida de estas estadísticas somos culpables nosotros y también somos nosotros los encargados de buscar y fomentar un respeto que se traduzca en una correcta recepción de la información.

Si bien podemos y debemos exigir, también debemos dar. De manera que para poder dar, hay que saber analizar, escuchar y actuar responsablemente desde nuestras trincheras. Cuando los ciudadanos se atreven a realizar una crítica constructiva, definitivamente se logra uno de nuestros mayores propósitos en esta vida, mejorar como sociedad. Acudir a la violencia y a la crítica infundada únicamente genera un ambiente turbio que en lugar de contribuir se dedica a desacreditar sin proponer ni actuar.

TODOS, como sociedad, debemos entender cuál es nuestra verdadera función. En el transcurso de la semana escuché de una de las personas que más admiro una declaración llena de sapiencia en la que se menciona que la ciudadanía es la primera persona encargada de juzgar a los servidores públicos. Todo esto, a través de los diversos mecanismos con los que se cuenta, tales como el voto y la opinión-participación responsable.

No me cansaré de insistir en ello para lograr fomentar el que cada joven se convierta en un verdadero ciudadano y cumpla a cabalidad con sus responsabilidades, para hacer de nuestro querido México, el país que todos queremos. Porque NO es cierto que únicamente todos somos Ayotzinapa, sino que TODOS SOMOS RESPONSABLES de Ayotzinapa y de México entero. Asumamos esa responsabilidad y pongámonos a trabajar.

Correo: davidreynoso40@hotmail.com

Twitter: @davidrrr