Núcleo urbano

Por J. Jesús López García

El centro de la ciudad de Aguascalientes es el sector que posee un equipamiento más extenso en su variedad y más grande en su disposición. Hay casi todos los usos, además de amplísimos géneros y tipos de edificios: escuelas, bibliotecas, templos, museos, librerías, tiendas diversas, teatros, galerías, plazas, parques, mercados y jardines.

También existe vivienda en casi todas las modalidades, pero lo que no hay en esas cantidades, son moradores. Es paradójico, contradictorio, que el sector más equipado de la capital sea el que menos habitantes tiene y además que la gente que uno ve circulando por sus calles está compuesta en casi un 90% por personas que no viven en la zona, son sólo visitantes. Y es que el núcleo también posee la mayor diversidad de arquitectura que en sus más de cuatro siglos ha ido dejando el registro de ese tiempo en edificaciones y espacios urbanos en que conviven lo tradicional y lo contemporáneo de manera cotidiana.

Pero como en toda urbe actual, con la industrialización se van gestando procesos de habitabilidad que producen paulatinos y parciales “desocupaciones” de residentes que buscan mejores y más actuales viviendas en otras partes de la ciudad. Desde mediados del siglo XX, los procesos de fraccionamiento de la tierra en Aguascalientes han ido al alza; se inició con los solares que huertas y establos iban dejando baldíos y se ha continuado con terrenos que antes estaban fuera de la demarcación de la metrópoli y que ahora están dentro de ella. Todo eso desplazando a los sistemas urbanos de los barrios tradicionales y de las colonias que les sucedieron.

En los años ochenta y noventa del siglo pasado esa expansión de fraccionamientos hacia la periferia se agudizó, y ahora con una huella urbana muy distendida, se siguen promoviendo grandes desarrollos “colonizando” tierra antes destinada al uso agropecuario. De manera paralela, ante un público joven ya independiente económicamente, con formación profesional, pero sin la expectativa de invertir en una propiedad raíz costosa, ya que las nuevas generaciones poseen una fuerte característica de movilidad, el núcleo urbano aguascalentense vuelve poco a poco a poblarse.

El centro es heterogéneo casi por definición y ello representa un atractivo a quien se empieza a abrir paso en la vida autónoma o en la constitución de una familia nueva, además de ofrecer la diversidad que le es casi natural. En calles tradicionales se aprecian pequeños desarrollos habitacionales constituidos en edificios de tres o más niveles donde había baldíos o fincas en estado precario. Es claro que no todos son inmuebles aptos y producto de una intervención respetuosa en el contexto del núcleo urbano, pero el proceso de ocupación por medio de la vivienda con estas características de público trae efectos positivos como el dinamismo económico, la variedad de los moradores, la heterogeneidad de los servicios demandados y en suma, la novedad que acompaña a la gente que trata de formar una reciente comunidad en el vecindario.

Edificios de diferentes magnitudes satisfaciendo la demanda creciente de vivienda en el centro, pero con las políticas de redensificación y por el costo de la tierra en la zona, se ha ido optando por apartamentos en niveles, más que en casas unifamiliares. Pueden ser pequeños conjuntos como el ubicado en la calle Ezequiel A. Chávez, con un frente reducido pero aun así, se adivina una disposición agradable; o bien otros mucho más grandes, pero lo importante es volver a proyectar para esa zona, un distrito con algo más que centros nocturnos y locales dedicados al entretenimiento. Lo importante no es solamente el incentivar la visita de población flotante, sino el atraer gente que habite y se desarrolle en el lugar y que de esta manera se propicien más usos y experiencias urbanas.

 

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