Aguascalientes es de los estados que registra el mayor número de universidades, por lo que habrá quien diga que “no estudia el que no quiere”, sin embargo hay un contrasentido cuando se conoce los motivos de miles de jóvenes para no ingresar a alguna de ellas.

Hay dos razones fundamentales para que se de esta situación: una es que la UAA está rebasada en su capacidad de matrícula por lo que más del 50% de las solicitudes son desechadas, y enfilarse a las instituciones privadas lo hacen sólo quienes tienen viabilidad económica.

Las razones para que exista una preferencia muy marcada por la Universidad Autónoma se debe al prestigio que tiene, convirtiéndose en la mejor carta de presentación de los egresados, que han sabido poner en alto el nombre de su alma mater.

Si la UAA deja fuera cada año a casi 4,500 aspirantes revela que es tiempo de trabajar en tener una nueva institución, o que se funden campus en municipios estratégicos del estado, con lo que se evitará que siga generándose la frustración de quienes terminan como operarios, pese a sus aptitudes para haber alcanzado una licenciatura.

Aunque sea una perogrullada debe tenerse presente que invertir en la educación es invertir en un mejor futuro, por lo que bien harían los gobiernos estatal y municipales, el Congreso y el sector privado en unir esfuerzos para darle rumbo a una necesidad que debió atenderse hace varios años y no esperar a vivir este problema.

De manera paralela tiene que replantearse la materia de orientación vocacional desde la secundaria y el bachillerato, que en un ayer no muy lejano permitió que los alumnos identificaran la profesión de su preferencia, lo que se evitará la deserción que se manifiesta en las universidades, los tecnológicos y carreras técnicas.

Es preocupante el dato que aportó el rector de la UAA, Francisco Javier Avelar González, de que la deserción alcanza el 30% de la matrícula durante los primeros tres semestres, lo que atribuye a “las debilidades académicas de los alumnos, una insuficiente atención institucional con base en tutoría, la falta de orientación vocacional y problemas socioeconómicos”.

En cambio, entre el 70 y 80% de los egresados se colocan en la planta productiva durante el primer año de la conclusión de estudios y por lo general lo hacen en posiciones relacionadas con su área de especialización, con opciones de tener ascensos en base a los conocimientos adquiridos.

Lo que falta embonar es que los empresarios se comprometan más con los recién titulados y les otorguen salarios dignos, ya que en las actuales condiciones no compensan su desempeño con lo que reciben, además que al ser mejor remunerados se expresará en una mayor productividad en beneficio de la propia firma. Es lo que se conoce como la política de “ganar-ganar”.

En ese sentido, para tener un resultado más efectivo, Avelar González propone que en lugar de que el egresado acuda a la empresa “para aprender”, los dos últimos semestres se dediquen a estar en ellas, que les permita interiorizarse en campo real y tiempo real de la vida del trabajo, para que al concluir los estudios lo hagan con pleno conocimiento de causa y el empleador conozca de sus cualidades.

Es una tarea que debe acometerse a la mayor brevedad, ya que tanto la matrícula como la deserción y las oportunidades de empleo deben ocupar la atención de quienes tienen la responsabilidad de darle rumbo a una demanda de los jóvenes.

AL RESCATE JUVENIL

De la misma manera que debe haber un mayor esfuerzo para ampliar las oportunidades de estudio a nivel profesional, es urgente tomar medidas para frenar el elevado consumo de drogas, que pese a que algunas autoridades niegan que exista, los hechos demuestran que jóvenes de 14 y 15 años utilizan cristal y marihuana.

Hace falta intensificar las campañas de orientación, prevención, cuidado y rescate y que se haga en el interior de la familia, en escuelas, lugares deportivos, colonias y comunidades, solicitar el apoyo de las iglesias, agrupaciones empresariales y sociales y medios de comunicación, debiendo considerar la situación como una emergencia social que por lo mismo requiere de acciones concretas y de resultados.

Los Centros de Integración Juvenil han identificado que aún cuando la marihuana continúa siendo consumida, lo mismo que la cocaína, el cristal atrae más a alumnos de secundaria, calculándose que la adicción se ha incrementado en un 40%.

Es inquietante que la venta se haga sin problema alguno y mientras la policía asegura que no conoce los puntos de venta o quiénes son los narcomenudistas, los jóvenes sí saben donde pueden adquirirla, con quien y que la pueden encontrar a cualquier hora.

De manera colateral hay otro problema igual de agudo y es que se empuja a adolescentes y jóvenes a obtener recursos de dónde sea, por lo que tienen tres posibles vías: destinar el dinero que reciben para su refrigerio en comprar la droga, apropiarse de algún bien de la familia para venderlo, o convertirse en distribuidores entre sus compañeros y amigos a cambio de dosis.

El respaldo que se  brinda en los Centros de Integración Juvenil (CIJ) tiene que ir más allá, involucrando a organismos e instituciones de toda índole, que se conviertan en una red de investigación, protección, soporte y salvamento.

Por largo tiempo los inhalantes fueron la droga preferida de los jóvenes por la facilidad que había para comprarlos, pero una vez que se pusieron restricciones decreció el uso; luego fue la marihuana y más tarde la cocaína y en menor grado la heroína, sin embargo hoy el cristal es la sustancia más atractiva, pese a que aún cuando es más barata es más dañina debido a que es una sustancia sintética que en poco tiempo convierte en un derrotado al consumidor.

En lo que corresponde a los CIJ se atiende un promedio de 45 personas de nuevo ingreso por mes y en consulta alrededor de 150 que participan de 3 a 6 meses. Se les ofrecen terapias que en un 90% hay una mejoría, un 70% reciben la alta y sólo 10% no concluyen el tratamiento y a cada uno de los que participan en el programa y lo terminan se les da un seguimiento para conocer su desempeño.

Es una labor loable la que se hace pero con un poco de interés de todos los sectores se puede ir más lejos, principalmente de los padres de familia que deben hacer mucho por sus hijos, sea que con su cercanía eviten que caigan presa del consumo o si ya lo hicieron ayudarlos a que lo dejen, en lo que también debe haber un compromiso general, sólo así será posible tener mayores frutos.

ATENCIÓN AL CÁNCER

Es digno de reconocimiento la labor que desempeña el Centro General para la Atención de Enfermedades de Niños y Adolescentes, del Centenario Hospital Miguel Hidalgo, al convertirse en una luz para los niños aquejados por el cáncer, ya que la curación es del 77%, mientras que a nivel nacional es del 37%, de acuerdo a estadísticas al cierre de 2016. Hace un siglo la única oportunidad que tenían era someterse a cirugías muy cruentas y aumentara el número, pero ni siquiera el 1% lograba curarse. Para el doctor Ricardo González Pérez Maldonado, con una experiencia de 20 años dedicado a la atención y curación de los infantes, la verdadera desgracia de los niños con cáncer no es la enfermedad, sino el abandono que sufren por parte de la sociedad. Es necesario crear conciencia en los padres de familia, los prestadores de servicios de salud y las autoridades, de que este gran problema aumenta cada vez más y que se le destine mayores apoyos para que se eleve la tasa de recuperación, lo que ojalá tenga eco en quienes toman las decisiones.

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