Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Mi cuelga para el licenciado Gabriel Villalobos Ramírez.

Sembrar de José Ángel Buesa

Alza la mano y siembra, con un gesto impaciente,
en el surco, en el viento, en la arena, en el mar…
Sembrar, sembrar, sembrar, infatigablemente:
En mujer, surco o sueño, sembrar, sembrar, sembrar…
Yérguete ante la vida con la fe de tu siembra;
siembra el amor y al odio, sonríele al pasar…
La arena del desierto y el vientre de la hembra
bajo tu gesto próvido quieren fructificar…
Desdichados de aquellos que la vida maldijo,
que no soñaron nunca ni supieron amar…
Hay que sembrar un árbol, una ansia, un sueño, un hijo.
Porque la vida es eso: ¡Sembrar, sembrar, sembrar!

Hace setenta y cinco años, cerca de estas fechas, mis papás se iban a casar. Mi abuelo Eduardo, papá de mi mamá, tenía un cáncer avanzado que le impedía asistir a la misa de bodas, le pidió a un amigo entrañable que le hiciera el favor de entregar a la novia. Gesto de confianza absoluta, de nobleza y de amistad. El día de la ceremonia mi mamá entró acompañada por el ameritado maestro don Faustino Villalobos, Director General de Educación en Aguascalientes. La relación de las familias era tan cercana que, el Lic. Gabriel Villalobos Ramírez siempre se ha referido a mi mamá como su “hermana Josefina”, y del cariño que le ha tenido me ha hecho partícipe, aunque generoso, como es, algo habrá de ser exclusivo mío, sin mengua del de su “hermana”.

Entre notarios la regla es hablarse de “Tú”, tengo para mí que en el “usted” no hay desdoro de la camaradería, el compañerismo, la solidaridad, pero el “usted” subraya el respeto y el reconocimiento sin menoscabo del cariño para el “tío” elegido que, créanme, muchas veces vale más que los de “nación”, y aún siendo del mismo barro no es lo mismo bacín que jarro, de manera que mi tío Gabriel es de “usted”.

Si ser aguascalentense es un estado de ánimo, ser trianero lo es aún más. El barrio de Triana al que algunos despistados llaman de El Encino, confundiendo el culto al Cristo Negro con su enclave, fue el germen de la villa de nuestra Señora de la Asunción, no merece detenerse en errores de grafía. Toda la catequización en estos rumbos fue mariana, punto. Pero al barrio, rumor de gitanos, de castizos (¡de casta pues!) le dieron su acento y haciendo recuerdo de su tierra dieron un salto hasta la ciudad eterna, sede en su tiempo del emperador Trajano, de allí Trajana y por apócope Triana, y, quizá sin quererlo, la hicieron de “pontífices” entre la sede del catolicismo universal y la sede del Cristo Negro, transterrado de Pinos, pero enraizado sólidamente en la tierra y en la gente de Triana.

Dice Rafael Alberti, en un verso hermoso “sabe el fruto a su raíz” y coloquialmente la sabiduría popular lo dice “por las vísperas se sacan los días”. Un verso y un refrán que si lo hubiera mandado a hacer no le hubiera quedado más “al pelo”. El gusto por el arte, por las tradiciones, por las costumbres y festejos populares, la afición a la música, a los ritos y mitos y casi, me atrevería a decir a los pitos y flautas, “novelero” en el sentido de estar presto y atento a las novedades y a decantarlas para dejarlas que embonen en esa formación arquetípica que se sustenta en un sólido temor de Dios, como se solía decir, pero que es más, como debiera decirse amor a Dios. Mi tío Gabriel abrevó en la familia, se alimentó del barrio, se fortaleció en la ciudad y se enriqueció con las ciencias y las artes.

Su vocación múltiple lo mismo se centra en escudriñar el firmamento como una forma de hacer oración contemplando la grandeza de la creación, que en una corrida de toros en que el rito ancestral de muerte se sublima en la expresión artística que inmortaliza el instante mágico del olé. La historia, especialmente la microhistoria, ha sido otra pasión de mi tío Gabriel, y hurgando en las consejas, en las tradiciones, en las leyendas pero también los datos y los hechos duros, como dicen ahora, ha ido desde la Temperancia hasta el Corazón de Triana, y desde el Señor Cura Ramírez hasta el Poeta del Toreo, Alfonso Ramírez, el Calesero, sin desdeñar los pintores y los poetas y personajes pintorescos de la cultura y la bohemia como el Licenciado Humberto Brand Sánchez que caricaturizó a otro sabio y bohemio trianero el licenciado Manuel Varela Quezada: “Varela en la madrugada, cuando le aprieta la cruda, ya no es Varela Quezada, sino Varela que suda”.

Con epicentro en el tempo de El Encino, mi tío Gabriel como el auténtico Neruda, el de la Malá Strana, recoge los personajes y sus personalidades, los de Triana, en varios grupos: los sabios, los locos, los toreros, etc., agrupados todos por el difamado número trece, que en el barrio se reivindica por la celebración del Santo Cristo Negro, el trece de noviembre y el trecenario de adviento y celebración para el patrono. A propósito, recuerdo que el teólogo Lanza del Vasto quiere reivindicar a Judas Iscariote en su libro “Judas” a partir del amor desmedido al Señor que el llevó a la pasión de los celos y el desdén. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre. Mi tío Gabriel ha sido siempre un apasionado que ha tenido como límite claro la caridad, el otro, el semejante, pero el amor sin límite a los suyos y a lo suyo, sólo que ha hecho suyo lo que ha tocado con su cordialidad. No olvidemos que cordialidad viene de cordis, corazón.

Hace unos días, cumplió prodigiosamente noventa años, noventa años de felicidad, lo dijo él y lo prodigioso digo, no es cumplir esa edad,  hay muchos que la cumplen, lo prodigioso es hacer de la vida un suceso cotidiano extraordinario y maravilloso. ¡Feliz cumpleaños! ¡Que vengan muchos más!

Refractario al espíritu navideño de ogaño, este escribidor se remite a la tradición para desearle, amable y despistado lector, una muy Feliz Navidad.

 

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