Notas sobre hoteles

Por J. Jesús López García

En los años setenta, un lapso antes de que Aguascalientes comenzara su ascenso en el panorama industrial nacional, eran pocos los edificios destinados al uso de hotel. De los más representativos el Francia, lo mismo que el París -actual Palacio Legislativo- construidos por el maestro Refugio Reyes Rivas (1862-1943), ambos bordeando la entonces “Plaza de Armas” -hoy Plaza de la Patria-; en la esquina opuesta al primero, el Río Grande -hoy Hotel Quality Inn Aguascalientes- y tras ellos, algunos más pequeños al alejarse de la plaza principal como los hoteles San José o el Praga,-los dos diseñados y construidos por el maestro de obras Sabino Anaya Pacheco (1909-1990) ca. 1958.

Hacía tiempo que el Hotel Washington había dejado su lugar al Cine Colonial donde se ubica en nuestros días la Plaza Fundadores, en la esquina de las calles Juan de Montoro y Díaz de León. Ya para los años ochenta “Las Trojes” (1982) por su parte, -a la salida a Zacatecas, o a su llegada según se vea- era el hotel más moderno, alejado del centro de la ciudad, lo mismo que algunos más a la llegada de la Ciudad de México, siendo pionero entre ellos el Medrano, primer motel de la ciudad al que luego acompañó el San Marcos, en un tiempo en que ese tipo de alojamiento no poseía la connotación que ahora tiene.

La oferta de habitaciones hoteleras era acorde a la dimensión de la ciudad, la que tuvo desde hace siglos la opción de los mesones, y al llegar el ferrocarril y con él la industrialización y más visitantes, la propuesta se sofisticó y se amplió pues ya no era sólo el servicio de proporcionar un espacio a cubierto -de alguna manera el presidio con el que se fundó la Villa de Nustra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes en el siglo XVI también lo proveía-, sino un lugar agradable que ofrecía más “amenidades” como la Mansión Escobedo, actualmente el Gran Hotel Alameda Aguascalientes o el ya mencionado Washington.

De nuevo, con el empuje industrializador iniciado en los años ochenta del siglo pasado, la cantidad y la diversidad de los visitantes aumentó, sumándose a los que se han acumulado a través de los años a las fiestas tradicionales de la Feria Nacinal de San Marcos, a las celebraciones en honor a la Virgen de la Asunción y la Romería, el Día de Muertos o las fiestas de Navidad. Como hace poco más de treinta y cinco años con la expansión de la ciudad, a partir de esos años ochenta, se ha vuelto a observar  desde entonces el aumento en cantidad y diversidad de los servicios hoteleros y con ellos, la variedad de edificios realizados para ofrecerlos.

Los hoteles son un tipo de edificio que tiene una historia antigua. El nombre “hôtel” (hostel) es de raíz francesa y estos empleaban el nombre a partir del siglo XVIII para designar aquellos sitos que ofrecían hospedaje. Por ejemplo en el L´Hotel-Dieu de Lyon, Francia, el sacerdote, médico y escritor Francois Rabelais(1494-1553) despues de consagrarse al sacerdocio ejerció la medicina. Por otra parte, de la etimología latina “hospitãlis” -que hace alusión al huesped o en el ámbito hospitalario- deviene la palabra “hostal”, un edificio que brinda servicios de hospedaje de menor categoría que un hotel.

Por otro lado hay que traer a colación las famosas ventas -espacios para albergar a los viajantes y arrieros, localizadas en los caminos principales- que frecuentemente se mencionan en El Quijote; las ventas eran parientes de los hostales y por ello, volviendo a Rabelais, tal vez se basó en la vida en ellos para describir varias de las costumbres epicúreas de sus personajes los ogros Gargantúa y Pantagruel.

Y es que los hoteles han heredado de sus predecesores lo mismo la austeridad de algunos de los viejos viajeros, que la sensación de dejarse llevar por una manera de comer y pasar la noche o el día de una manera más regalada que en la cotianidad doméstica.

Los hoteles han ido estableciendo con su perfil, una imagen que ya no es de las ventas y hostales de hace cientos de años, instaladas a las afueras de ciudades o en la campiña. Con frecuencia su tendencia a la verticalidad “contagia” a los edificios vecinos para constituir una imagen de altura que atraiga a los visitantes, como es el caso del Hotel boutique México Plaza -ubicado en el boulevard Luis Donaldo Colosio Murrieta- con su vecino contiguo ilustrando esta última idea. Arquitectónicamente los hoteles son buenos ejercicios para diseñar estructuras e instalaciones de una gama más especializada que en el ámbito de lo doméstico, todo en un orden espacial que atienda a lo funcional y al estímulo de los sentidos.

A 5 meses de la pandemia que nos azota se extraña el hospedarse en cualquier sitio de estos que ya de por sí, siempre han sido espacios que aunque sea por una noche, nos sustraen del día a día. Esperamos pronto tengamos nuevamente esa experiencia.