En todos los templos y en los hogares católicos, ayer se celebró el primer domingo de Adviento, que nos prepara para la Navidad; las familias ya encendieron el primer cirio de la Corona de Adviento, cuya luz indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión.

El encender semana tras semana los cuatro cirios, muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad; el color verde de la corona significa la vida y la esperanza.

“La Corona de Adviento es, pues, un símbolo de la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte; el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros, y con su muerte nos ha dado la verdadera vida”, explicó el P. Rogelio Pedroza González.

Con la palabra Adviento (del latín adventus, es decir, venida, llegada, pero con matices de presencia), se expresa la unión singular del presente y el futuro, de la espera y el cumplimiento. Estos dos acontecimientos están tan estrechamente relacionados que se puede afirmar que son, de cierta forma, un único suceso: la encarnación del Hijo de Dios se cumplirá definitivamente como al final de los tiempos, cuando el Señor vendrá en el esplendor de su gloria y podamos entrar con él al Reino de los Cielos.

Los días que van desde el 17 al 24 de diciembre tienen una importancia mayor; además, el Adviento tiene siempre presente a María, ícono de la espera; “en México tenemos además la celebración de la solemnidad de Santa María de Guadalupe, que vino a nuestra tierra trayendo consigo al Mesías que, sin saberlo, esperábamos”.

El próximo domingo se encenderán dos cirios, el siguiente tres y finalmente los cuatro, lapso que se aprovecha para rezar en familia, pedir por los más desvalidos y en este tiempo de pandemia, por que frene la propagación del virus.

“En medio de las dificultades, hay que pedirle a la Virgen su maternal intercesión en favor de quienes enfrentan desafíos y adversidades”.