Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Crónica de un alma errante

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por la naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Fue en 1939 cuando el escritor John Steinbeck presentó su novela acreedora al Premio Pullitzer titulada “Las Viñas de la Ira”. En ella, describía la azarosa odisea vivida a principios del siglo XX por numerosas familias campesinas del suroeste norteamericano (en particular Oklahoma y condados vecinos) expulsadas de sus tierras por diversos cambios gubernamentales en cuanto a la explotación de las mismas, emprendiendo un éxodo que los condujo a California en búsqueda de la recuperación de sus vidas. Esta historia encuentra cierta vigencia en “Nomadland”, filme con serias oportunidades de llevarse algunos Óscares importantes debido al foco narrativo que la joven cineasta de ascendencia china Chloé Zhao imprime en esta historia real sobre una población llamada Empire, en Nevada, que se ve obligada a vagar por su país cuando la empresa que sostenía su actividad económica cierra. El toque maestro en una película que rebosa de lirismo humano aún cuando sus personajes deambulan entre las ruinas de una nación en pleno proceso recesionista en el que Zhao eligió no aplicar capas de romanticismo a la muerte del Sueño Americano, sino que nos muestra cómo el humano en estado cotidiano no dicta su destino con base en su situación económica, sino en la resiliencia y formación de carácter ante una situación que parece insalvable. Esto, que pudiera sumirse en un insondable abismo dramático, se mantiene siempre a flote gracias tanto a la sobria y exquisita dirección de Zhao como a la titánica labor de su indiscutible protagonista Frances McDormand, cuya mirada y perspectiva es integral en cuanto al desarrollo de la trama, pues conforme ella aprende y conoce, nosotros también lo hacemos.
La trama se centra en Fern (McDormand), una viuda cuya vida transcurrió siempre en la ciudad de Empire, pero que ahora ha decidido reinventarse como un ser itinerante que viaja por el Oeste en su fiel vagoneta, la cual se ha convertido en su hogar, después de la clausura de su única fuente de trabajo. Así, al igual que todos los habitantes de Empire, emprende una travesía que, a diferencia de la estructura básica de una roadmovie, ella recorre su patria junto con otros nómadas (varios de ellos reales, contactados por Zhao tanto por inocular verosimilitud al proyecto como para enriquecer la trama con sus fascinantes relatos y anécdotas) no para enfilarse a un objetivo en particular, sino para hacer de las eternas carreteras y tierras baldías su domicilio, pues, como ella misma lo expresa, “somos personas sin casa, no vagabundos”. Su interacción con otros seres errantes, en particular con un hombre mayor de nombre Dave (David Strathairn), quien gentilmente la pretende, es la que brinda la visión macro del mundo que ellos diseñan y crean para sí mismos, donde laboran ocasionalmente limpiando sanitarios o sirviendo mesas para subsistir, mientras manifiestan subversivamente, y entre líneas mediante agudos y poéticos diálogos, su inconformidad con un sistema que jamás los ha comprendido y los atosiga desde aquellas caravanas cuasi apátridas entre tormentas de polvo descritas por Steinbeck casi cien años atrás, contrastando la visión melancólica de Fern con las hermosas vistas con que la directora enmarca a sus viajeros. De hecho, básicamente cualquier contrapunto dramático se localiza en la condición existencial de la protagonista, quien por vez primera es genuina líder de su propia vida, tomando sus propias decisiones sin conceso marital y constriñendo su sentido de lo material a sus pocas posesiones (platos, fotos, textos, etc.), los cuales atesora como único lazo emocional a la vida que alguna vez tuvo, despidiéndose del conformista mundo al que perteneció en lugar de transformarlo, permeando al relato de cierta aura contracultural que va en línea inversa al pensamiento hippie o algunas rolas de Springsteen.
En tajante divorcio con la sociedad mainstream, “Nomadland” cuestiona sobre lo que realmente necesitamos y lo que se requiere para ser un humano, tomando como punto la extraordinaria interpretación de McDormand, quien logra envasar, con su actitud férrea y firmes rasgos faciales, la identidad de Fern como una mujer por la que no se debe sentir lástima, sino inspiración, pues su lid no es contra sí misma o su situación, sino contra un país que dicta un estilo de vida banal y acomodaticio; por ello, aun cuando logra recuperar cierta estabilidad vivencial en forma de parientes que la acogen, su corazón y mente continúan viajando, su alma avanzando en una carretera que jamás termina…

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