En Aguascalientes, uno de cada tres nacimientos se registra de madre muy joven, adolescente, soltera casi siempre o en el mejor de los casos cohabitante en unión libre con el padre del bebé, y por lo regular con pocos recursos materiales y de desarrollo personal para enfrentar la responsabilidad de una vida nueva.

Son chicas, casi niñas, que ejercieron su sexualidad en etapas muy tempranas de su vida, sin hacer mucho caso de la amplia gama de información que, en medios de comunicación, hospitales, escuelas y algunas veces hasta en su propia casa, se difunde o comenta, respecto de los riesgos que corren de vivir un embarazo no planeado, señaló el director general del Hospital de la Mujer, Leopoldo Serrano.

Sobre el tema, detalló que tan solo en el primer trimestre del año en curso, ya son 262 adolescentes que han traído al mundo una vida nueva, muchas de ellas con complicaciones de salud por no tener el desarrollo físico suficiente para dar vida y otras por estar en un segundo parto o cesárea, a temprana edad y con corto tiempo de diferencia entre uno y otro.

Y es que el fenómeno de la maternidad en la adolescencia suele convertirse en un círculo vicioso, dijo, donde no se previene un primer embarazo porque las jóvenes creen que a ellas no les va a pasar, desatienden información sobre el tema y tampoco se protegen para evitarlo.

Cuando sucede, el Hospital de la Mujer no sólo brinda la atención médica correspondiente, sino que las inserta en un programa continuo denominado Módulo del Adolescente donde todas reciben información sobre planificación, enfermedades de transmisión y pláticas de sensibilización para que se preparen a la llegada de su bebé y tomen conciencia de lo que significaría un segundo episodio.

Es un programa atendido por personal calificado y con herramientas novedosas, sin embargo, al cabo de su periodo en el hospital, es decir, cuando salen con el bebé en brazos, se diluyen, no vuelven y ni siquiera aceptan un método de planificación, por lo que se les vuelve a ver cuando llegan con un segundo embarazo.

Se trata, pues, de un problema de educación, donde las madres de las niñas son, en ocasiones, las principales opositoras al uso de métodos anticonceptivos, bajo la excusa de que son chicas sin marido y por lo tanto “no se volverá a repetir”.

¡Participa con tu opinión!