Víctor Hugo Granados Zapata

Uno de los problemas en el ámbito educativo más complejos y que ha persistido durante décadas es el acoso escolar, que en los últimos años hemos denominado como bullying. En síntesis, el acoso escolar se da cuando uno o varios estudiantes atacan sistemáticamente a un estudiante, ya sea por su apariencia física, gustos personales, color de piel, origen, etc.; los motivos suelen ser dinámicos y conforme pasa el tiempo, dichas causas van readaptándose. El error que hemos cometido es aislar este fenómeno en el colectivo social como un problema que se origina por cuestiones particulares de las y los alumnos, o bien, por circunstancias de origen psicológico o emocional, sin tomar en cuenta factores más complicados y que, desafortunadamente, son el motor que impulsa el bullying en las escuelas: la discriminación. Por ello, en esta ocasión vamos a analizar un caso trágico ocurrido en el estado de Querétaro, donde un estudiante fue quemado en su propio pupitre por sus compañeros ¿la razón? Porque no hablaba bien español y era indígena.
Elías Camhaji, reportero del portal El País México, realizó un reportaje sobre este caso, entrevistando al padre de Juan (la víctima) y con sus abogados sobre lo que sucedió y en qué situación se encuentra la familia entera. Juan Zamorano es un estudiante de 14 años, asistía a la escuela secundaria “José Vergara” en la cual, según el testimonio de su padre, padecía de un acoso sistemático por parte de sus compañeras y compañeros. El motivo principal de las agresiones era su español “defectuoso”, debido a que él provenía de una comunidad otomí y por ello le costaba pronunciar diferentes palabras; lo anterior, aunado a sus orígenes étnicos, fueron la razón por la cual sufrió de diferentes tipos de ataques a lo largo de su estadía en dicha institución educativa, desde burlas por su aspecto físico, por su forma de hablar, pasando por agresiones físicas e incluso le cortaron su cabello para humillarlo públicamente en la escuela. Su hermano padecía del mismo problema, sufriendo agresiones físicas que le dejaron secuelas de una de sus manos, así como también sus hermanas eran discriminadas y señaladas como “Marías” (un adjetivo que se utiliza de forma despectiva para referirse a alguien como una persona de origen indígena). Un día, dos de sus compañeros le solicitaron a la maestra un bote de alcohol para limpiar los pupitres de su salón, la docente irresponsable accedió y mientras los alumnos procedían a limpiar sus bancas, tuvieron la iniciativa de jugarle una broma a Juan, por lo que procedieron a mojar todo su lugar con dicho químico y una vez que este llega a su salón, los compañeros lo empujan a su pupitre y le prenden fuego con un encendedor.
Le causaron quemaduras de segundo y tercer grado en todo su cuerpo, por lo que tuvo que ser trasladado inmediatamente a recibir atención médica y, al mismo tiempo, lo sometieron a cuatro cirugías para que volviera a encontrarse estable. La maestra, en conjunto con las autoridades escolares y los padres de familia de los estudiantes agresores le pidieron a los padres de Juan que no fueran a denunciar, que ellos se harían cargo de los gastos hospitalarios de su hijo y que, por consecuencia de sus actos, los alumnos victimarios serían expulsados de dicha institución. Narra el papá de Juan que no aceptaron dicho acuerdo, solicitaron apoyo legal y se fueron a denunciar a los estudiantes que atacaron a su hijo, así como también demandaron a la maestra por la discriminación que sufrió su hijo y a la escuela por responsabilidad patrimonial del Estado. Actualmente, ambos adolescentes cuentan con un auto de vinculación a proceso por el delito de Lesiones Dolosas, mientras que el resto de los litigios siguen en trámite; sin embargo, Juan aún no ha logrado recuperarse de sus heridas físicas y emocionales tras haber sido víctima de un crimen de odio ¿Cuál era la principal motivación de su acoso sistemático? Sus orígenes.
Aunque a muchas personas les cueste trabajo verlo, el racismo en México existe y es muy notorio. Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis, 2017) publicada por el INEGI, de la población indígena encuestada, el 75.6% considera que las personas indígenas son poco valoradas por la mayoría de las personas y el 24% señaló haber sido víctima de un acto de discriminación en los últimos cinco años (es decir, aproximadamente 2.4 millones de personas en todo el país). Asimismo, la profesora investigadora Betty Bernice Faust en su libro El Desarrollo Rural en México y la Serpiente Emplumada, narra cómo realizó su trabajo de campo estudiando la comunidad Maya en el Estado de Campeche, describiendo cómo gran parte de los miembros de dichas comunidades ocultaba sus orígenes étnicos cuando salían a las ciudades, debido a que les avergonzaba ser reconocidos como “mayas” o “indios” y ser humillados públicamente por sus orígenes o padecer de algún acto de discriminación. El racismo en México existe y en el ámbito escolar puede esconderse en el bullying, ya que éste se transforma en su medio conductor.
Juan fue víctima del racismo que reflejaban sus compañeros (alimentado, posiblemente, por su entorno social cercano, como sus familiares o conocidos), sin embargo, el día de mañana este caso puede ocurrirle a otro estudiante por su color de piel, por demostrar que tiene una orientación sexual diferente, por su forma de vestir e incluso por el simple hecho de ser mujer. El acoso escolar está íntimamente relacionado con la discriminación y todas sus vertientes (racismo, clasismo, xenofobia, misoginia, etc.), por ello es necesario contar con programas de inclusión escolar realmente efectivos, donde cualquier estudiante (sin importar su sexo, color de piel, origen, etc.) pueda aprender en un entorno seguro y pueda sentirse libre de ser quien quiera ser, sin ser atacada o atacado por otros. No es un capricho de las “nuevas generaciones”, es una necesidad urgente contar con dichos programas y, a su vez, una obligación del estado mexicano siguiendo los lineamientos de los artículos 1°, 3° y 4° constitucional, sobre todo tratándose de alumnos menores de edad. Juan nunca debió padecer esta situación tan injusta, su escuela y todo el sistema educativo le falló a él y a su familia. Si todo se mantiene igual, sólo es cuestión de tiempo que a otro estudiante le suceda lo mismo o incluso algo peor.