Es lamentable que se pretenda confundir y desautorizar o estigmatizar las muestras de inconformidad y protesta señalándolas como agentes desestabilizadores del “proyecto de país”, en palabras textuales del Presidente de la República: “seré firme en la defensa del proyecto de nación, contra aquellos que quisieran que el país no progrese o tenga crecimiento con las reformas estructurales… Hemos advertido los movimientos de violencia que al amparo y al escudo de esta pena pretenden hacer valer protestas, protestas que a veces no está claro su objetivo”. Ante esto, es peligroso y común en regímenes autoritarios inventarse fantasmas para combatir, y a esos fantasmas adecuarles rostros de oposición. Tal vez es necesario que alguien le cuente y le explique al presidente la fábula del Rey y el Traje Invisible, y cómo es peligroso e insano tener la tentación de rodearse de aduladores.

Las protestas, marchas, plantones y muestras de inconformidad detonadas por los hechos de Iguala donde asesinaron a 3 estudiantes y están desaparecidos otros 43; no les veo la más mínima intención de desestabilización de México, mas son un cúmulo de indignación y enojo provocados por la clase política no solo de este sexenio, y no solo del partido del presidente, sino de la clase política en general, pocos se salvan.

La verdadera desestabilización del presunto proyecto de país, es la vorágine de violencia que tiene recrudecida casi una década, la desestabilización la genera la opacidad de nuestros gobernantes, la corrupción, la insensibilidad, la inseguridad, no solo del crimen organizado sino de los delitos comunes, la engorrosa burocracia, la desestabilización da pie por la costosa y derrochadora clase política, no la generan unas marchas o mítines, y si lo quieren reducir a la quema de una puerta o las esporádicas muestras de violencia, que es necesario precisar que existen sospechas de infiltración y provocación ajenas a los manifestantes, es tener una visión corta y nublada por el interés partidista.

Yo como millones de mexicanos no deseamos que le vaya mal al país para buscar la caída del gobierno, creemos que el pueblo de México no se merece este egoísta deseo o pensamiento, pero no por ello dejaremos de cuestionar, alzar la voz y protestar por todo lo que se considere fuera de norma y errores de nuestros políticos, sea cual sea su extracción partidista.

Ante todo lo anterior, ¿acaso el Presidente y la clase política querrán que ya nos olvidemos de los 43 estudiantes desaparecidos? Como perfectamente lo describió Mardonio Carballo “por los 43 de Ayotzinapa, por todos los desaparecidos, quizás sea hora de no hacer nada, quizás sea hora de guardar silencio, que sea el silencio el que hable, las calles vacías las que griten”, y agregó, tal vez quedarnos en cama y pensar que solo fue una pesadilla que nunca nos pasará, ni a nadie cercano a nosotros, seguir con indiferencia y continuar nuestras vidas, dejar de incomodar a los políticos y gobernantes, que “ya han de estar cansados” de estar “duro y dale”; quizás es momento de decirle a esta joven generación que encabeza espontáneamente las protestas, que las deje a un lado que comience a “halagar” al gobernante y político en turno y así quizás, con mucha suerte, consiga algún trabajo, sin prestaciones, mal pagado, sin fondo para su vejez, sin garantía de estabilidad, pero trabajo al fin.

Tal vez, es lo que ese proyecto de nación del que habla el Presidente requiere, una generación conformista, acrítica, obediente y con temor; quizás muchos quieran eso, dar vuelta a la página, como tantas veces se ha hecho en esta ultrajada nación; así pasó con Aguas Blancas, con Acteal, con los jóvenes asesinados en Villas de Salvárcar, Chihuahua; que ya no recordemos ni exijamos justicia para los bebés muertos en el incendio de la Guardería ABC; los 72 migrantes asesinados en San Fernando, Tamaulipas, los ajusticiados en Tlatlaya y como tantas matanzas y desapariciones; pidámosle a esta generación, que como las otras, los trate de borrar de sus mentes, que sea indiferente ante las injusticias, que sigan sus vidas como si no pasara nada, tal vez eso quieran los defensores del status quo; solo que a ellos les pregunto ¿y si hubieran sido no 43, sino 44?, ¿y si ese 44 fueras tú? ¿Querrías que te olvidaran?

Fui de los que pidió juicio y deslindar responsabilidades del Alcalde Abarca de extracción perredista en Iguala, y no por eso tengo la intención de desestabilizar aquel municipio, también me pronuncié por la renuncia de Ángel Aguirre de la Gubernatura de Guerrero y no por ello deseé descarrilar aquel hermoso estado; no comparto la idea de la culpabilidad directa de Peña Nieto en la desaparición de los estudiantes, pero sí de que al día de hoy, con todo el aparato del Estado no han dado respuesta; pero también entiendo y respeto a quienes piden su renuncia, tienen todo el derecho de opinarlo. No nos confundamos o nos quieran confundir, exigir rendición de cuentas y criticar a nuestros gobernantes no es estar en contra de la nación o del proyecto de país, es una forma de ejercer ciudadanía.