Por Dra. Ednna Milvia Segovia Miranda

Durante mi estancia en el estado de Guerrero pude apreciar su riqueza, recursos naturales privilegiados y una marcada diversidad cultural. No obstante, el morbo forense me llevó a conocer sus usos y costumbre, y quien visite las regiones en las que se dan, seguramente, y si observa con detenimiento, extraerá elementos que suelen pasarse por alto. La costumbre siempre ha sido de doble filo.
En contraste, recientemente Guerrero se puso a la vanguardia legislativa en materia de derechos sexuales y reproductivos al hacer frente a la problemática de mortalidad por abortos clandestinos, pues Guerrero, junto con Chihuahua, comparte el mayor porcentaje de embarazo adolescente en el país; un acontecimiento sin duda progresista pero que nos recuerda que existe una deuda pendiente en el tema de las“transacciones infantiles”. Tres de cada diez niñas, de 10 a 15 años, en comunidades indígenas de Guerrero, Oaxaca y Chiapas siguen siendo vendidas por usos y costumbres y para matrimonios forzados. Aunque la suerte está echada para algunas niñas, para otras como Eufrosina Cruz Mendoza no; ella fue una niña mixteca de 10 años que fue vendida por sus hermanos a cambio de 50 cartones de cerveza, y ella, también es una historia de rebeldía y terquedad que decidió escribir su destino para gritar con autodeterminación -¡No quiero que me vendas!-;se ha esforzado como activista para que en nuestro país nunca más una niña se tenga que casar a los 12 años, para que no se diga que es la normalidad o la cotidianidad, mucho menos la costumbre porque se llama violencia, trata, abuso.
La venta y compra de niñas, es una ominosa práctica que continúa escalando con el único cambio de que las familias aceptan cobrar menos por sus hijas -entre 30 y 50 mil pesos-, porque quienes las compran no cuentan con recursos suficientes para poder unirse con ellas, -hágame el … favor-. Poner el foco de la atención en niñas, niños y adolescentes es una exigencia para todos los sistemas de justicia y para todos los países, más aun en un entorno mundial como el que vivimos, de pobreza, de fenómenos migratorios, de desigualdades, los dejan en la indefensión; por lo que resulta importante redoblar esfuerzos ya que las niñas, los niños y adolescentes son titulares de Derechos Humanos y se les debe respeta su integridad física y moral, su libertad y la oportunidad de elegir un proyecto de vida decidido por ellos y no impuesto por la desatención.
Las escasas estadísticas de estos delitos se deben a que pocas veces son denunciados, por lo que no se evidencia la realidad total; sin embargo, es inadmisible la minimización de esta problemática y no se debe amparar en la cultura y la costumbre. No querer ver o distraer la mirada es ser cómplice de esta violación.
Decir que las niñas y niños son el futuro del mundo es sin duda un lugar común por más que sea la verdad. Tenemos la obligación de dotarlos de un ambiente de amor y de protección, donde no solamente puedan desarrollarse, sino donde puedan vivir en paz, con armonía y felicidad. Cuando le quitamos la ilusión a una niña para obligarla a casarse bajo un acuerdo de usos y costumbres, estamos generando uno de los actos más crueles que puede haber.
Ojalá que sirvieran todas las reflexiones sobre este tema para traducirse en políticas públicas, en actos que lleven alegría y tranquilidad a las niñas, a un desarrollo pleno de sus derechos.

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