Iris Mabel Velazquez Oronzor
Agencia Reforma

Elmer tiene 12 años. Logró llegar solo a México tras recorrer cientos de kilómetros desde de Honduras. Ahora es integrante de la caravana de migrantes que el viernes pasado se enfrentó en dos ocasiones a la Guardia Nacional en Tapachula.

Su cuerpo presenta varios golpes, pero asegura que eso no le impedirá llegar a Estados Unidos.

Y es que dice estar convencido de no regresar a Honduras, pues lo perdió todo, incluido a sus padres, quienes fueron asesinados.

«En Estados Unidos está mi felicidad», cuenta.

El viernes corrió en la carretera y por el monte. Asegura que detrás de él iban elementos de la Guardia Nacional, a los que señala de propiciarle golpes que le dejaron moretones y raspones.

Actualmente se encuentra en el Municipio de Álvaro Obregón junto al resto del contingente. Pasó dos noches en las canchas de la localidad y está en espera de recibir instrucciones para seguir avanzando.

Curas y pobladores chiapanecos le han regalado ropa, café, pan y cobijas. Paramédicos le han curado las lesiones, y su nombre figura en la lista que se le entregó a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) para documentar agresiones por parte de los uniformados.

Él es uno de los nueve menores de edad con golpes. Otros 27 migrantes adultos tienen lesiones consideradas graves. En este contingente, un migrante venezolano presenta fracturas en dos dedos, que asegura, se los originó un toletazo. Una mujer embarazada dice tener complicaciones por el estrés y golpes recibidos.

Para evitar altercados con los elementos de seguridad, Elmer y los otros 600 indocumentados que se encuentran en ese sitio, piden una visa humanitaria para circular libremente por territorio mexicano. La desesperación de algunos incluso los llevó este fin de semana a coserse la boca e iniciar una huelga de hambre.

«La huelga de hambre es porque necesitamos seguir avanzando, no queremos problemas, no queremos más maltrato. Necesitamos seguir a la frontera con Estados Unidos, sólo le pedimos al Gobierno mexicano que nos permita seguir tranquilamente, no queremos quedarnos aquí», dice Edwin, uno de los 47 migrantes que se cosió los labios.

«Esto lo hago por mi familia, porque quiero un bien para ellos, una mejor calidad de vida».

Hoy todos buscarán retomar su camino hacia el norte, en espera de no toparse de nuevo a la Guardia Nacional.

¡Participa con tu opinión!