Imelda Robles
Agencia Reforma

MONTERREY, NL.-Viridiana es una niña náhuatl de 8 años que casi no habla español. No tiene televisión y su mamá, Martina Trejo, compró un celular económico para intentar que tome clases.
Pero no comprende nada porque “en los videos hablan muy rápido”.
Hace tres meses salieron de Ilamatlán, Veracruz, ante las nulas oportunidades de trabajo para subsistir.
Viven en la Colonia Arboledas de los Naranjos, en Juárez, un sector marginado habitado por comunidades indígenas.
La niña fue inscrita en la primaria de la zona.
“Todavía no podemos comprar la televisión ni el internet”, cuenta Martina, quien también batalla para hablar español.
“Ella entró en tercer año y estoy preocupada porque ya van tres años y no sabe nada”.
Su hija mayor, Lezli, de 14 años, está en igual situación.
Su esposo no ha conseguido trabajo como ayudante de albañil y no tienen dinero para ponerle una recarga al celular.
Jessica Díaz, integrante de Zihuame Mochilla, asociación que labora en este sector, comenta que hay mamás que dieron de baja a sus hijos por la falta de recursos económicos para estudiar a distancia.
“Muchas mamis no saben qué es un correo, cómo hacerlo”, comparte Jessica.
“Nos han tocado muchos casos que las mamás definitivamente deciden dar de baja al niño en su ciclo escolar debido a todas las necesidades y problemáticas que se han estado enfrentando”.