Noé García Gómez

En esta época nos dicen que, la solución a todos los males, el remedio para tener un bienestar y el procedimiento para combatir las desigualdades es el crecimiento; señalan y repiten gobernantes. El mero crecimiento será ‘ipso facto’ el que nos lleve al “edén” humano. Ese crecimiento pasa por supuesto por el desarrollo, oferta, consumo y satisfacción de todo lo que crea necesitar el individuo. Nos educamos y educamos a la sociedad en que lo mejor es acumular bienes y por tanto muchas necesidades; con esto, lo que estamos fomentando es la elección del abuso de los recursos.

Lo anterior incentiva actividades depredadoras, distorsiona la actividad económica, ya que merma la capacidad de recuperación natural del medio ambiente; la realidad es que hay recursos escasos y esto nos obliga a elegir la mejor forma de usar nuestros recursos disponibles. El actual modelo económico no sólo es inviable, sino desfavorable y hasta nocivo para la mayoría de la sociedad y el planeta.

El tema ecológico y ambiental no puede ser un tema de segundo o tercer término, pero tampoco se pude atender sólo con acciones ornamentales y mediáticas para salir en la foto y los medios, con el objeto de que se vea como que se está haciendo, o ser parte de los jugosos recursos nacionales e internacionales que otorgan apoyos a estos programas supuestamente “ambientalistas”.

Según los científicos, es impredecible el impacto que tendrá en el clima el hecho de que la media de la temperatura de la Tierra supere 2ºC la de los tiempos previos a la industrialización. Pero algunos efectos se están padeciendo, climas extremos y variados que afectan todo el ambiente, especies de flora y fauna mueren por esto, además de que la calidad del aire y el desgaste de capa de ozono son otras consecuencias.

Los árboles y la vegetación deben tener un papel preponderante en una ciudad que crece y crece, hace unos años fuimos simples observadores de la polémica instalación de un mega centro comercial en una zona protegida “el ex balneario Ojo Caliente” que albergaba cientos de árboles en su mayoría mezquites de edades avanzadas, la empresa utiliza la estrategia de “más vale pedir perdón que permiso” y sin consentimiento los derribó generando una dantesca tala de aquellos hermosos árboles que servían como pulmón y filtro de agua a la ciudad, sin tener una consecuencia. El entonces gobierno municipal declaró “no podemos detener el progreso económico”.

Hoy, nuevamente se comienza a discutir la posibilidad de cambiar el uso de suelo de la zona de la Mezquitera La Pona, donde se quiere convertir parte de ella en una zona habitacional y/o comercial. Nuevamente con el argumento de “no podemos detener el progreso” podríamos caer en la tentación de arrasar uno de los pocos pulmones maduros de nuestra ciudad e instalar una nueva plancha de concreto.

Soy de los que creo en un desarrollo sustentable, donde el progreso de una ciudad debe ser responsable, equitativo y amigable con el ambiente, donde se planea para que desarrollo y medio ambiente hagan mancuerna para la sociedad, sobre todo para las generaciones futuras.

No sirve de nada crear artificialmente jardines, que dicho sea de paso son grandes consumidores de agua, otro recurso escaso, o poner ciclovías de ornato por su poca funcionalidad. Eso es querer expiar culpas de las heridas que estamos infringiendo a nuestra tierra.

La plancha de concreto que se puso en los terrenos del ex balneario ojo caliente (¿Dónde están los miles de árboles que se plantarían y cuidarían en su lugar?) y lo que se pretende con la Mezquitera la Pona son situaciones que nos deberían de preocupar.

Las exageradas inundaciones, los inesperados y extremos cambios de clima, el aumento en las enfermedades respiratorias y del riñón, la escasez de agua, no son situaciones casuales o que de manera espontánea surgieran. Son consecuencia de las decisiones que gobiernos han tomado y que la sociedad ha dejado que se hagan.

Espero en verdad que a alguien de los grandes tomadores de decisiones en nuestro estado lo comprenda.

El tema del medio ambiente supeditado a la economía es tan trascendental que el Papa Francisco lo abordó en su encíclica ‘Luadato si’, que entre otras tesis dice: “La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia”, y más adelante comenta: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? Lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable”. El máximo líder católico pone énfasis y sería bueno que las autoridades competentes, y algunos de sus funcionarios que acostumbran persignarse colectivamente para ser vistos los domingos leyeran, reflexionaran y asumieran la postura del pontífice.

La realidad de nuestro Aguascalientes es que se destaca por lo contrario, una ciudad diseñada para la quema de combustible, un tapón de concreto para la lluvia, la cultura del consumo, todo en pos del desarrollo y “progreso” económico, aderezado con un poco del ‘esnobismo ecológico’ donde se invita a cuidar un arbolito o reciclar nuestra botella de agua. Pero en lo trascendente, si una voz se alza será acusada de ‘boicoteador ‘y saboteador del desarrollo de nuestra sociedad.

Finalmente, es importante tener presente el proverbio indio: “Sólo cuando el último árbol haya sido cortado, el último río haya sido secado, el ultimo pez asesinado, el último animal cazado, el aire contaminado, nos daremos cuenta que el dinero no lo podemos comer, respirar y no saciará nuestra sed”.

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