Emilia Martínez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Dos meses después de que el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, decidió invadir Ucrania el 24 de febrero de 2022, la mexicana Guadalupe García Noria viajó a ese país del este de Europa para brindar asistencia médica. Hoy, casi dos años después, Lupita está de vuelta allá.
«Desde que yo empecé a trabajar con organizaciones humanitarias, como mi perfil es médico de urgencias, habitualmente me mandan a conflictos armados, entonces he estado en países donde los conflictos armados ya tienen varios años, hablando de Yemen, de Palestina, de Sudán, entonces la verdad sí pensaba que podía regresar a Ucrania, pero no otra vez a la misma guerra», comentó la urgencióloga de Médicos Sin Fronteras (MSF) en entrevista con REFORMA.
Lupita se encuentra en la ciudad de Pokrovskyi, en la región del Donetsk, bajo disputa entre Rusia y Ucrania.
«La zona está cerca a las líneas de fuego pero no está bajo control ruso», explicó.
Pese a que la primera vez que estuvo en Ucrania acababa de empezar la guerra, ahora, dice, siente los bombardeos mucho más intensos, y es el ruido de estos lo que le causa más temor.
«En México no estamos acostumbrados a grandes boom, de repente sí hay mucha inseguridad, es cierto, pero no son los mismos sonidos, ni las mismas sensaciones que hay aquí», narró la médica originaria de la Ciudad de México.
«Aquí oyes el boom y a los pocos milisegundos estás sintiendo cómo se movilizan las ventanas y las puertas».
‘Sentí miedo’
Lupita llegó por primera vez a Ucrania en mayo de 2022 y se quedó ahí por dos meses. Estuvo trabajando en el tren medicalizado de MSF que trasladaba a heridos del este al oeste de Ucrania.
«Fue un proyecto de Médicos Sin Fronteras con el departamento de trenes de Ucrania para hacer transferencias, inicialmente de civiles, que no se podían hacer por la vía terrestre habitual, por ambulancias, y que como eran traslados bastante largos necesitaban de un especialista, ya sea médico y/o enfermera, para poder estar vigilándolos durante todo el trayecto», explicó.
«Yo me encargaba de supervisar la lista de pacientes que íbamos a trasladar, sus necesidades, si necesitaban de algún dispositivo especial, cómo los íbamos a acomodar, qué especificaciones debía tener su tratamiento, en qué lugar los íbamos a dejar».
El recorrido que Lupita y sus colegas hacían en el tren era de aproximadamente 30 horas.
«Teníamos que ajustar el cronograma de acuerdo al cronograma que tenía la red ferroviaria. Una vez ajustado el cronograma, avisábamos a qué hora era nuestra hora de arribo a las diferentes estaciones para que se pudiera coordinar con la llegada de las ambulancias a la estación del tren, y entonces era donde embarcábamos a los pacientes y los acomodábamos en distintos vagones, porque el tren tenía vagones de terapia intensiva e incluso vagones para los familiares de esos pacientes», describió la mexicana que colabora con MSF desde 2017.
Pero los bombardeos y ataques a las estaciones eléctricas de los trenes o a las vías llegaron a afectar el cronograma.
Lupita recuerda que en una ocasión que se dirigían a Dnipró, la cuarta ciudad más grande de Ucrania y situada justo en el centro, alcanzaron a ver un bombardeo «un poco lejano».
«Y digo un poco lejano, porque todavía alcanzamos a ver cómo salía humo cuando fue bombardeado el lugar. En esa ocasión recuerdo que sí sentí miedo, y teníamos una parada justo en la ciudad de Dnipró, y el paciente no podía esperar más días porque necesitaba ser trasladado a un tercer nivel», contó.
«Analizamos los riesgos antes de llegar a la estación de tren, como si el paciente podía esperar más tiempo, cuándo sería nuestro próximo recorrido hacia esa misma ciudad, qué tanto nos arriesgábamos nosotros al hacer esa parada, cuánto podía durar esa parada».
Lo que Lupita y el resto de los médicos sabían es que el bombardeo había sido en una fábrica y el ataque había liberado algún tóxico cercano a donde el tren debía llegar. Al final, y debido a que contaban con el equipo de protección personal necesario, decidieron hacer la parada.
«Decidimos movilizarnos inmediatamente para que también ese paciente pudiera llegar a donde tenía que llegar», apuntó.
Ha escalado el conflicto
Lupita regresó a Ucrania en octubre pasado, pero ahora se encuentra de base en el este del país, donde se focalizan los enfrentamientos directos entre tropas rusas y ucranianas.
Ahora dice ver a una sociedad que se ha adaptado a vivir -o sobrevivir- en la guerra.
«Ya no se ve como antes, antes se veía como pueblo fantasma, como muy desolado precisamente porque mucha gente huyó de sus casas, y las casas se veían abandonadas tanto de día como de noche. Eso era cuando empezó la guerra, ahora, a pesar de que no están todas las viviendas habitadas, se puede ver más movimiento de gente», describió.
Sin embargo, precisó, la gente que reside en las pequeñas ciudades «es muy poca, no es como la que solía estar».
Los bombardeos, dijo, han afectado hospitales, edificios residenciales, y por eso las personas que huyeron de sus hogares no han podido regresar por completo.
«Los que han regresado es porque no tienen otro lugar donde puedan vivir, y pues saben los riesgos que eso representa, saben los riesgos de vivir en sus domicilios y de que cada vez que ellos escuchen o que vean en sus teléfonos que hay una alarma pues tratan de refugiarse», explicó.
«Se han tenido que adaptar, no hay otra palabra, adaptación creo que es lo más adecuado».
Lupita también ha aprendido a reaccionar ante la alarma y a seguir las indicaciones de ir a un lugar seguro y esperar a que pase el riesgo para continuar con sus actividades.
La especialista en urgencias está cerca del frente de batalla, pero no es eso lo que le causa más temor, sino la intensidad y frecuencia de los bombardeos.
«Me siento en mayor riesgo porque escucho más los bombardeos, y los siento más, pero no en mayor riesgo porque esté yo muy cerca», explicó.
«Cuando yo llegué no se oían tanto, y ahorita tenemos días en los que hay mucha actividad, es cierto que ha sido más frecuente».
‘Ayuda es ayuda’
Cuando Lupita se unió a MSF en 2017 empezó haciendo misiones cortas, es decir de dos meses, mismas que coordinaba con su trabajo de base en Ciudad de México. Pero tres años después decidió dedicarse por completo a la ayuda humanitaria. Cuando el año pasado le dijeron de regresar a Ucrania, el tren medicalizado en el que participó la primera vez ya había concluido su misión, pero ella sabía que había otras formas de ayudar. Ahora, Lupita brinda capacitación al personal médico ucraniano que, dijo, de por sí es escaso.
«Lo que estoy haciendo ahorita es capacitar a mis colegas ucranianos para que ellos puedan a su vez capacitar a sus pares, y entonces se haga un repliegue de información y pasemos conocimiento a la gente que aún está aquí trabajando cercanos a las líneas de fuego», indicó.
Cuando brindan atención médica, precisó, se la dan a todos y no preguntan si el herido que llega es civil o es militar.
La primera vez que estuvo en Ucrania los médicos locales le preguntaron a ella y a otra médica extranjera que por qué siendo de otro país y de otro continente fueron a ayudar en una guerra que no es suya.
«Nosotros les decíamos: ayuda es ayuda, tú no ves si es de un color si es de otro color, si habla el mismo idioma que tú, si es médico si no es médico o cualquier otra cosa. Es que ayudar es a cualquiera, y yo ayudándote a ti algún día alguien me va ayudar a mí», compartió.