Lic. René Urrutia De la Vega

La realidad nos ha rebasado en muchos aspectos de la vida en comunidad, experimentamos una época en la que nuestro mundo verdaderamente se está transformando, por un lado la naturaleza nos está cobrando factura de todo lo que estamos haciendo mal o, al menos, no estamos haciendo con el cariño y respeto que ella nos ha mostrado, pero por otra parte, en lo social, estamos experimentando el resultado de conductas y actos que se han volcado en nuestra contra, el reto ahora es tener la capacidad de actuar y reaccionar adecuadamente, tener la capacidad de adaptarnos a estas nuevas formas de convivencia entre seres humanos y con la naturaleza.
Todo esto se circunscribe en una dinámica social, cultural y económica, de la que ya veníamos teniendo síntomas que no habíamos querido atender o que nuestra propia rutina no nos había dejado advertir con tiempo, pero lo cierto es que la crisis que se avecina – porque ni siquiera podemos decir que ya estamos en ella, más bien es como esa gran ola de varios metros de altura en un tsunami que vemos que se viene aproximando y que empieza a generar una resaca en la playa, pero que no nos ha impactado con toda la fuerza que tiene – nos va hacer cambiar nuestra forma de vida.
Hemos estado señalando con cierta vehemencia la situación de seguridad, violencia y criminalidad en que nos encontramos, que solamente podía ser eclipsada e incluso sustituida como número uno en la lista de preocupaciones sociales por un problema de las dimensiones de la pandemia mundial en que nos hemos visto inmersos, pero debemos ser conscientes de que una de las principales consecuencias que esta crisis de salubridad nos va a dejar en forma agravada, junto con el tema económico y como causa y a su vez producto de él, precisamente el tema criminológico, los fenómenos de conductas antisociales y delincuenciales.
Ya en el ámbito del Derecho Penal y de la Dogmática Jurídico Penal, se esbozan estudios, análisis, criterios y opiniones relacionadas con la nueva forma en que se van a estar actualizando las conductas criminales a partir de esta nueva dinámica social y criminal en el mundo, pues no va a ser lo mismo de ahora en adelante, hoy más que nunca se hace necesario que nos actualicemos y nos adaptemos como sociedad y, particularmente, como profesionales del derecho penal, investigadores y académicos, en el estudio de estas nuevas formas, pero más aún, en la aportación de soluciones para mejorar las respuestas que la ciencia jurídica tiene para ellas.
El reto es de primer nivel y de la mayor importancia, involucra a todo el sistema de seguridad y justicia penal, a la prevención, la procuración, la impartición y la ejecución de la justicia penal… menudo paquete tenemos frente a nosotros, si ahora no somos capaces de enfrentar este reto y ofrecer respuestas que generen soluciones, corremos el grave riesgo del colapso, no podemos seguir con el discurso demagógico del endurecimiento de penas, de ofrecer herramientas de investigación y persecución que vulneren derechos fundamentales, no podemos seguir generando división y enfrentamiento en nuestro trabajo científico, pues así como todo el mundo está esperando una vacuna contra un virus que, sin ser el más mortífero, su altísima capacidad de contagio pone en jaque a los más avanzados sistemas de salud, también todo el mundo está esperando, no se diga nuestro país, la generación de estrategias y acciones que hagan frente a una problemática que hoy por hoy genera más muertos y más daños, por mucho, de los que ha generado un virus, se trata de una pandemia social –permítaseme el término solo con un afán ilustrativo– que tiene dimensiones exponencialmente más dañinas que una guerra o que una epidemia, de manera que, aunque es evidente la necesidad de atender el tema de salud en este momento, no podemos dejar de lado y mucho menos olvidar, ni siquiera bajar la guardia, en el tema de seguridad.
No quiero pensar que quienes tienen a su cargo cada una de las funciones, etapas y responsabilidades dentro del Sistema de Justicia Penal en nuestro país, puedan estar tomando un respiro pensando que la epidemia les ha venido bien para despresurizar la exigencia de ser los responsables del problema número 1 para todos los ciudadanos, espero que no se considere la posibilidad de bajar la guardia y dejar ahora que toda esa exigencia descanse sobre los encargados de la salubridad, por el contrario, es cuando más se debe estar trabajando en estrategias integrales, inteligentes, coordinadas, sin apasionamientos y sin intereses que no sean los de una sociedad que merece condiciones óptimas en este rubro, es el momento de que entendamos y nos pongamos a hacer la tarea, no creo que haya una oportunidad más, aunque la realidad no nos permita tener mucha esperanza.